miércoles, 15 de marzo de 2017

El viejo y el mar, de Ernest Hemingway



Ochenta y cuatro días seguidos sin pescar es demasiado para un anciano sin estrella, que por el contrario nunca pierde la esperanza. Sabe que tarde o temprano tendrá suerte y la vida le sonreirá… ¿Suerte?
Santiago está en las últimas, es un anciano pescador que tiene el reconocimiento de todos, y el cariño de Manolín, pero el chaval no va a acompañarle en su aventura con el pez espada. Santiago tiene que embarcarse solo porque es la historia de su vida, una vida de esfuerzo, sacrificio y tenacidad, ese es Santiago, el viejo, y tiene que hacer realidad su sueño, al que persigue sin descanso con lo poco que posee, un diminuto esquife y su férrea voluntad.
Todos nos levantamos, caemos y volvemos a levantarnos, es la historia de la humanidad ahora representada en el viejo pescador que nos retrata Hemingway, Santiago. El sabor amargo de la derrota se contagia como un reguero de pólvora cuando devoras las últimas páginas de esta obra. Tú, lector y observador de la trama que hilvana el autor con un lenguaje llano, cercano y a la vez experto, te sientes embargado por esa amargura que te aprisiona el pecho y la garganta, porque ser testigo de esa incansable lucha, de ese eterno sufrimiento, te hace sentir una empatía infinita por Santiago.
Recuerdo cuando de joven lo leí por primera vez, no tengo la sensación de que en aquel entonces me afectara de ninguna manera, ¡ay la juventud!, sin embargo, ahora, con el paso de los años, encuentro una similitud aplastante con la realidad de la vida que nos envuelve en nuestro camino por esta tierra que nos conduce a… ¿Quién sabe dónde?
He necesitado del cúmulo de mi experiencia en la vida para darme cuenta de la grandeza de esta obra. Para entender las ansias, los anhelos, las frustraciones, la lucha eterna, diaria, cotidiana por cumplir un sueño, para luego darnos cuenta que somos simples transeúntes de esta vida, que nada tenemos y nada nos pertenece. Por mucho que nos empeñemos, solo hay una máxima,… sobrevivir y sentirse agradecido por el hecho de existir.
La obra en sí misma no me importa nada, el mensaje de su aventura es lo realmente significativo, lo que engrandece a Hemingway, lo que encumbra a “El viejo y el mar”, una obra escrita en 1952 por encargo de la revista Life sobre un anciano pescador cubano que se enfrenta a la despiadada batalla de su vida por capturar un noble pez. Noble como el corazón de Santiago que da gracias al creador por su fortuna, aún temiendo lo peor, aún sabiendo que la vida te lo da y ella te lo quita.

Santiago, como todos, se siente ilusionado, luego cansado y agotado, luego, simplemente derrotado, sin embargo mañana será otro día y ya planea con Manolin salir a la mar, como gusta llamarla Santiago, para aprovechar los dos o tres días de viento que quedan, y volver a pescar juntos. Yes que la esperanza, las ganas de vivir, no se pierden nunca, por muchas veces que tengamos que volver a levantarnos. Somos así, temerarios, fuertes, incansables, como Santiago.

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