miércoles, 5 de junio de 2013

David Copperfield, de Charles Dickens

David Copperfield


Charles Dickens

Reseña  escrita por  Fernando Pineda.



Cuentan que en la sombrío Inglaterra del siglo XIX, la gran mayoría de las familias, fuesen indigentes, adineradas, dolientes o felices, acostumbraban reunirse, en tertulia, alrededor del fuego mientras esperaban, con ansiosa complacencia, la llegada del remiso cartero que traería un nuevo cuaderno azul de Boz debajo del brazo. Estos prolongados  plantones se acostumbraban recrear con discusiones sobre si evolucionaría la batalla que sostenía la afable Betsey Trotwood con los malvados burros o si, finalmente, el señor Micawber, junto a toda su pandilla, se encontraría irremediablemente abocado a la ruina y a la más miserable descomposición. Sin embargo  los miembros más irritables e inquietos de estas familias no podían esperar  durante tanto tiempo y no hacían otra cosa que salir  de sus casas, escopeta en mano,  en búsqueda del tan esperado mensajero. En esos días, que se repetían  mes tras mes, centenares de  lúgubres e inglesas callejuelas, pertenecientes a grises e inglesas ciudades, se llenaban de sórdidos, ricos, trabajadores o rufianes que atravesaban los recovecos de la ciudad en búsqueda del inocente, aunque poco impetuoso, cartero. 


Esta pequeña anécdota testimonia perfectamente la pasión que apreciaba el pueblo inglés por Charles Dickens. El resonante  éxito y la fama que logró el escritor inglés entre todas  las  raleas del pueblo inglés alcanzó niveles nunca jamás sospechadas. Tal era el apego de los ingleses para con Dickens que, a la muerte del escritor, durante las honras de su funeral, Benjamin Jowett dijo de él: “Resulta muy difícil calcular la deuda que hemos contraído con este hombre que nos ha hecho amar a unos personajes ingleses buenos, abiertos, sinceros y honestos que se cruzan cada día en nuestra existencia.” Charles Dickens fue, y será para siempre, el escritor del pueblo inglés. David Copperfield surgió para convertirse en   una autobiografía sobre la niñez de Charles Dickens, pero finalizó transformándose en su novela más querida y en la que volcó  todo sus ensueños  y tribulaciones de la infancia. Dickens se ocupó durante dos años (entre 1948 y 1950) en la elaboración de lo que los alemanes llaman una Bildungsroman, es decir, una novela de formación que, en este caso, es narrada por su protagonista -David Copperfield-, el cual, desde la madurez de la vida va evocando sus desventuras infantiles. David Copperfield es una especie de paño en el que el genio inglés va dibujando, con la sutileza y la afabilidad propia y característica de un padre, unos personajes y unos ambientes que, por su profusión de detalles, recobran vida por sí solos. No es extraño que en todas las obras de un escritor hay un vestigio autobiográfico no hay nada mejor que las experiencias de uno mismo para componer una historia. 

La Inglaterra en los umbrales del siglo XIX se hallaba inmersa en profundos cambios sociales. La incipiente industrialización estaba favoreciendo un movimiento masivo de personas hacia las grandes ciudades que prometían a primera vista unas mayores opciones de prosperidad. Sin embargo, una vez allí, las circunstancias eran completamente  diferentes: jornadas laborales de hasta catorce horas eran recompensadas con  sueldos míseros, que exigían a que los niños debieran trabajar también para completar los ingresos familiares y verdaderos guetos donde se apiñaban miles de personas, en condición de inhumano hacinamiento .Toda esto vivió y sufrió   en carne propia Charles Dickens (Portsmouth, 1812-1870), siendo èl niño, su padre fue encarcelado por deudas y se vio necesitado a trabajar en una fábrica de betún. Y, aunque poco a poco fue abriéndose camino hasta llegar a ser el más grande novelista británico de su época, nunca olvido semejante experiencia. Seguramente por ello, de entre todas sus obras, por la que más cariño profesaba era por David Copperfield, publicada por entregas en 1850 . 

La historia de un muchacho que, tras morir su padre y volver a casarse su madre con un hombre siniestro,   debió  afrontar todo tipo de adversidades –desde un internado cuyo director simbolizaba la maldad hasta el trabajo infantil en una fábrica- debía serle familiar. Al igual que Dickens, David logró salir adelante con apoyo de unas pocas personas buenas. Aun cuando  el autor es el cronista privilegiado  de la Revolución industrial en Inglaterra, el tono de sus obras es menos severo que el que podemos hallar  en autores de su tiempo. El lector no encontrará  en las narraciones dickensianas escenas tan descarnadas como en los relatos de otros autores. La forma de novelar del inglés tiene más de costumbrista que de literatura militante. Es el espectador de un momento histórico concreto y lo refleja con la máxima fidelidad en sus obras. Ello no amerita que no denuncie las injusticias que observa a su alrededor. Lo hace y mejor que muchos,  pero sin escarbar en la herida,  y ello hace que la calidad literaria de  sus novelas, resulte mucho más excelsa

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