lunes, 11 de abril de 2011

Doña Bárbara, de Rómulo Gallego

Doña Bàrbara

Autor Ròmulo Gallego

Reseña escrita por Fernando Pineda

El argumento de esta novela se centraliza en el llano venezolano. Panchita y José Luzardo han obtenido producto de una herencia Altamira, en el cajón del Arauca. Don José y doña Asunción están casados y tienen dos hijos: Félix y Santos. Después del casamiento de Panchita con Sebastián Barquero, de común acuerdo fraccionan la finca, conservando la parte que le pertenece a don José el nombre de Altamira, y a la familia Barquero el nuevo hato, que recibe el nombre de La Barquereña. 

Muertos su esposo y su hijo mayor, doña Asunción se reasienta en Caracas con la idea de educarlo allí a Santos Es en ese tiempo cuando aparece en el Arauca un flagelo en la persona de doña Bárbara, quien, comandando una cuadrilla de criminales, sustrae haciendas y asesina gente a su antojo, con la venia de las autoridades de San Fernando, que han sido prevaricadas por la temible matrona.
 Doña Bárbara pasó su niñez a bordo de un lanchòn pirata que transitaba la selva cauchera; el capitán de la barca, su «taita y protector», quería mercadear con los quince años de la seductora Barbarita, que estaba enamorada de Asdrúbal, el joven que está enseñándola a leer y escribir. Un día la marinería asesina a Asdrúbal y abusa de la muchacha, después de asesinar al capitán. Así esta mujer, mezcla a modo de injerto de la india sensual y del blanco aventurero, desde ese momento carga en su trágica y fatídica naturaleza el odio despiadado al varón y su vida entera la encauzará a vengarse de él. Y como de su hombruna naturaleza desapareció toda huella de amor, no se le entregará sino por perversión o por lucro.

Cuando la dignificó la maternidad se avergonzó de sí misma y su rencor contra el hombre se volviò mayor, ya que un hijo en sus entrañas sólo significaba para ella un éxito más del macho; por lo que renegó de su amante, Lorenzo Barquero -su primera víctima- y repudió a su hija Marisela, «que otros pechos tuvieron que alimentar porque no quiso ni verla siquiera».Lorenzo había llegado al llano rebozando juventud y, hechizado por los aún no desdeñables encantos de Barbarita, cayó en sus redes. Ella, después de despojarle sus haberes y su juventud, lo abandonó, y el infeliz, irreflexivo y ya arruinado por los vicios, despreciò la vida y se entregò perdidamente al alcohol. La famosa doña Bárbara era todo lujuria y toda superstición, codicia y crueldad, y allá en el fondo del alma gris una pequeña cosa pura y dolorosa: el recuerdo de Asdrúbal, el amor malogrado que pudo hacerla bondadosa. Al pasar los años Santos finalizó sus estudios universitarios. Como su madre había fallecido, resolviò radicarse en Europa y vender Altamira, que se había devaluado; gran parte de los ganados y leguas y leguas de sabanas altamireñas habían pasado a ensanchar el hato colindante de El Miedo, de propiedad de doña Bárbara, «a fuerza de parciales deslindes ordenados por los Tribunales del Estado».

Empezaba a funcionar la connivencia entre las autoridades y la temible mujer, a fuerza de dinero había obtenido que se la elaboraran a la medida de sus desmanes», y que esa ley representaba el bandidaje, la sangre luzarda de Santos reacciona y decide quedarse allí, ya no tan siquiera para buscar la reivindicación de sus derechos cuanto sino tambièn para «contribuir a la destrucción de las fuerzas rezagadas de la prosperidad del llano».Así fue como con unos fieles peones se lanza a la aventurada lucha de devastar el poderío de Doña Bàrbara y enfrentándosele con sus mismos tácticas -la fuerza armada- consigue aniquilar a su cuadrilla de perversos con la sonriente connivencia de la mujerona, que se ha embelesado locamente con Luzardo. Aun cuando la bondad de su corazón y su rígida contextura moral azorasen la virilidad de doña Bárbara y en alguna ocasión se apiadaran de sus arrebatos de sensibilidad, Luzardo siempre la repudió, no por el hecho de haberle abreviado sus intereses -que ella propuso devolverle- y por ser la responsable de la ruina moral y material de su primo Lorenzo Barquero, cuanto por un incontrastable sentimiento de repulsión hacia el alma de esa mujer, algo así como una mezcolanza de brutalidad y dulzura. Luzardo, a su vez, estaba enamorado de Marisela, y doña Bárbara, al saberlo, susurra celosa: «primero muerta que derrotada». Con este ánimo se dirigió a Altamira -a donde Santos la había llevado con su padre, apiadado del estado de vicioso en que vivían- y, escudada por las sombras de la noche, se dispuso a asesinarla.

Sin embargo antes de contemplar el arma humeante, al observar a la niña embelesada con el parlamento de Santos, se arrepiente, pues se ve a sí misma «pendiente de las palabras de Asdrúbal, y el punzante recuerdo le amansó el salvajismo». Y recurriendo a la más encantadora muestra de amor maternal para con esa hija que había odiado durante toda su vida, abandonó para siempre el Arauca después de nombrarla heredera de todos sus bienes. Luzardo se casó con Marisela, Altamira recobró su pasada magnificencia y finalmente el Llano se vio libre de la sangrienta dominación de la Doña Bárbara

3 comentarios: