jueves, 29 de junio de 2017

EL TULIPÁN NEGRO DE ALEJANDO DUMAS


NOTA DE LA EDITORIAL
Alexandre Dumas, hijo de una viuda pobre y de un general forzudo, mimado, indómito, soñador, generoso hasta la prodigalidad, aprendió a leer y a escribir, nada de aritmética y un poco de latín con el cura del pueblo. Con estas bases, su pasión por Shakespeare y sus abundantísimas lecturas, consiguió llenar más teatros que Víctor Hugo y más lectores que cualquier otro novelista.

Los hermanos De Witt, protegidos del gran rey Luis de Francia, encuentran la muerte a manos de la enloquecida población de La Haya, que les cree culpables de conspiración. Pero antes de morir dejarán a su ahijado Cornelius unos comprometedores documentos. Mientras el joven botánico holandés Cornelius Van Baerle recibe la carta de su padrino De Witt en la cual se muestra partidario de la republica. Por la posesión de esa carta Cornelius es detenido y sólo la intervención de Guillermo de Orange le salva de la muerte. Pero el joven botánico tendrá que pasar toda su vida en la cárcel, donde, en compañía de la joven Rosa, se afanarán en conseguir lo que más desea en el mundo: el bulbo del tulipán negro.


OPINION PERSONAL

Ignoro que entiende la crítica en general por una novela de aventuras, pues no he encontrado ninguna entre sus más de trescientas páginas. Sin embargo, bien, bien para los amantes de la novela romántica, porque El Tulipán Negro es una novela sobre los amores de Rosa y nuestro protagonista, Cornelius Van Baerle, Enamorado a su vez de la horticultura y de los tulipanes, alguien que consagra su existencia para obtener el tulipán más codiciado, el negro.
Quien se acerque a estas páginas buscando alguna similitud con las aventuras de Los tres Mosqueteros o la venganza del Conde de Montecristo, se equivoca, pues no tienen nada en común salvo la injusta pea de presidio para un inocente.
Casi me atrevería a decir que estamos ante un tratado de horticultura, tema en el que el autor se recrea, en mi opinión, hasta el cansancio. (dado que personalmente no es un tema que me atraiga en absoluto). Si bien es cierto que Dumas nos retrata la época de una manera magistral y nos sitúa en una Holanda del siglo XVII, plagada de revueltas sociales tras la guerra con Francia, y a un Guillermo de Orange, Salomónica en muchas de sus puestas en escena.
Como en toda trama que se precie, existen los buenos, que en este caso son demasiado buenos, inocentes, puros y castos, y los malos, que lo son hasta el extremo. No me han acabado de gustar los personajes, los encuentros poco trabajados y demasiado inocentes, diría que simples, y no creo que eso sea un fiel reflejo de la época, pero es lo que tenemos.
Si te gusta la horticultura mezclada con el romanticismo casto y puro, es una lectura recomendable, de lo contrario, te dejará indiferente del mismo modo que me ha dejado a mí.

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