lunes, 24 de marzo de 2014

El año que fue martes, de Ernesto Valfer


 
Format : Format Kindle
Taille du fichier : 258 KB
Nombre de pages de l'édition imprimée : 123 pages
Utilisation simultanée de l'appareil : Illimité
Vendu par : Amazon Media EU S.à r.l.
Langue : Espagnol
ASIN: B00J1PN3UE

Sinopsis

Juan, viudo y recién jubilado, con sus tres hijos ya adultos y con vidas propias en el extranjero, se encuentra solo y decide regresar a Gijón: la ciudad que le vio nacer y donde pasó su infancia, su adolescencia y los primeros años de su juventud. Volver a pisar los mismos lugares y su reencuentro con Laura, su primer amor, despiertan
en ambos sus recuerdos más lejanos; repasan lo que ha sido su vida, con sus logros y sus errores, y se replantean su presente.

Otra sombra del pasado, Andrés, el exmarido de Laura, otro amigo de la infancia, también ha decidido volver tras largos años de ausencia.

Una novela intimista que nos recuerda que la vida no es un camino recto, sino un sendero lleno de encrucijadas, que nos hacen detenernos y nos obligan a elegir alguna de las direcciones, llevados por las circunstancias o por nuestra propia voluntad, sin que, en muchas ocasiones, nos demos cuenta de que esos cambios de rumbo van forjando, para bien o para mal, nuestro destino y, también, el de las personas que nos rodean.


El año que fue martes (capítulo I)

Laura llegó después de él, pero esta vez no se sentó a su lado. A Juan le hizo gracia y pensó que estaría enfadada con él por algún motivo que, como otras veces, ignoraba por completo.

—¿No te sientas a mi lado? —preguntó con una sonrisa.

—Estoy mejor aquí —le contestó seria, sin mirarlo.

—¿Lo de siempre? —preguntó el camarero.

—No —dijo Laura—, yo tomaré una caña.

—Muchos cambios de repente —bromeó Juan.

—No lo sabes tú bien. —El tono de Laura era duro y sus ojos, esta vez sí lo miró, tenían el color gris de los momentos tormentosos que Juan reconoció de inmediato.

El silencio se prolongó el tiempo que el camarero tardó en servirles. Juan la miraba con curiosidad, mientras Laura permanecía obstinada con su mirada fija en el mármol de la mesa.

—Te dejo —le dijo Laura, sin levantar la vista, en cuanto el camarero les dio la espalda.

—No entiendo.

—Es sencillo: esto se acabó.

—Vuelves con él —afirmó Juan, que parecía haber encontrado la clave.

—Sí.

—No va a durar, lo sabes.

—No me importa.

—Te dejará otra vez.

—Tú qué sabes.

—Ya lo ha hecho antes.

—No quiero hacerte daño, Juan…

—¿No quieres hacerme daño? —Juan trataba de no levantar la voz.

—Es igual —dijo Laura al tiempo que se levantaba, como si hubiera decidido que no valía la pena esforzarse en dar más explicaciones.

—Espera —le dijo, mientras la retenía suavemente de la mano—. Todos los martes, a esta misma hora, te esperaré aquí mismo, por si decides volver.

Laura no volvió. Juan dejó de esperarla después de algunos martes. Él no tenía la esperanza de que volviera, pero quiso ser fiel a su palabra durante varias semanas porque no se habría perdonado que lo hiciera y no lo encontrara allí. Años después, su trabajo le llevó lejos de Gijón. Se casó, tuvo tres hijos. Enviudó. Sus hijos vivían en tres países distintos y, después de muchos años, se encontró solo.

Hacía dos semanas que le habían jubilado. Estuvo varios días noqueado, arreglando papeles como si viviera la vida de otra persona. Cuando terminó todos los trámites se encontró en su casa sin saber qué hacer. De pronto, vio el anuncio en televisión: «Asturias. Lo dice todo el mundo». Asturias. Gijón. Laura. La concatenación de esas tres palabras era inevitable. Siempre que oía Asturias o Gijón su pensamiento terminaba en Laura. ¿Cuánto tiempo hacía que no había vuelto? La última vez había ido al entierro de su madre. Un viaje rápido. El tanatorio. Una noche en la casa de sus padres. El entierro. Las instrucciones a un familiar para que pusiera la casa en alquiler. Y de regreso a su mundo.

En esa ocasión vio a Laura por última vez: dos besos y un «lo siento» de ella y un «gracias, Laura» de él y aquella sensación en el estómago que seguía sintiendo cada vez que la veía o la recordaba por algún motivo.

El caso es que no pudo recordar con exactitud cuántos años habían pasado: ¿cinco, siete? Podría consultar su agenda, allí estarían los apuntes de entonces. Pero qué más daba el tiempo que hubiera pasado. Recordó que no se debe regresar a los lugares en los que se fue feliz, pero, en Gijón, Juan había sido feliz y desgraciado, así que no veía ningún motivo para no regresar. No quería reconocer que, en el fondo, esperaba poder ver a Laura, saber de ella, retomar, quizás, la vieja amistad ahora que tenía tiempo para sí mismo. No estaba seguro, pero creía que alguien le había dicho hacía ya mucho tiempo que Andrés y Laura ya no estaban juntos y, no se quería hacer ilusiones, pero sentía un cosquilleo especial ante la posibilidad de retomar su relación.

Se conectó a internet, buscó los billetes de tren y bloqueó sus recuerdos para que no le molestaran durante el viaje.

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