lunes, 24 de octubre de 2011

Llamadas telefónicas, de Roberto Bolaño


Titulo: Llamadas telefónicas

Editorial: Anagrama

Autor: Roberto Bolaño

ISBN: 978-84-339-6713-8

Número de páginas: 204

Año de edición: 1997

.Reseña de Beatriz Trixi


Ya no vivía en Barcelona sino en una habitación en Budapest, en la calle Karinthy Frigyes, en una casa que guardaba el aliento –literalmente - del siglo bien pasado. Tenía armarios gigantes que habían perdido la capa de la pintura blanca amarillada. El piso era semejante a un laberinto de los dormitorios escondidos detrás de sus puertas potentes y considerables. Las paredes estaban hechizadas por el pasado, por sus recuerdos, os lo aseguro. El parquet crujía.

Para llegar a una oficina con paredes de vidrio cada día subía al metro. Leyendo, en el vagón, esquivé las miradas de la muchadumbre de oficios sin sentido: miradas desesperadas por una salida de emergencia hacia sus ensueños, como me imaginaba el mío.

En dos mil diez, a finales de Agosto le tocaba a un tal Roberto Bolaño. Llamadas telefónicas, decía. Cojí el libro en mis manos, miré la portada, observé la foto, observé el efecto que me produjo. Leí la reseña. Todo pasó hace 13 años. El escritor ya se había muerto, aún jóven. Abrí el libro, leí de qué imprenta era, cuál edición. Luego lo olí. Los mejores libros huelen a papel recién cortado. Este olor es incomparable.

Me sumergí tanto en el mundo de Bolaño que olvidé a bajar. Llegué tarde al trabajo. Allí no leía. Al llegar la hora de salir tampoco podía porque mis compañeros cogían el mismo metro, y me hablaban de cosas sin importancia. En las mañanas seguía.

Las historias de Bolaño tenían eso: empezaron con ninguna cosa particular. Luego me arrastraron con sus hilos como si yo no tuviera fuerzas: me rendí, vagando, deambulando. Me conducía a lugares siniepñ0o`'0stros, a amores sin amor, a la deriva. Nunca revelaban ni la mitad, o sea, una minúscula parte de lo desconocido, y llegué desde un princípio tan insignificante a un final tan pesado que me dolió. Pensaba pillar la clave, pero no pude, obvio.

Intuía que sus cuentos son como “ serpientes que se mordían la cola” (...) como una explosión de la realidad” , y me choqué con la pura romántica de los “Detectives” :”Joder, que noche más bonita.” /“No me huevees con la noche”. Esperaba algo, inquieta, en un estado febril, como si“las cosas imperceptiblemente comenzarían a cambiar. Como si el mundo de verdad se moviera.” Esperaba.

En uno de aquellos sábados salí por la noche. Bebí vino, gin tonic, tequila, otro gin tonic porque era cumple, pero la noche me aburró, me pilló sin encuentros. Mostré el libro de Bolaño a dos personas: a mi amiga chilena, para halagar, para compartir, para expresar y a un amigo que no veía desde hacía 5 años. Nadie entendió mi fiebre, nadie entendió qué estaba en juego. Me despedí de los guardias sentados en a salida. Fui a coger el nitbus. Vino una loca en pantalones que dejaban ver su cadera y su barriga que colgaba casi hasta sus muslos. Sus senos se bamboleaban. Se acercó a mi amiga - ví que élla tenía miedo, más que yo, y se sintió insegura cuando la mujer apuntó su dedo del corazon a élla, como una amenaza y puso cara de asesina.Le dijo: “Qué fea eres que tienes 1oo años!” Fingímos no haber oído y subimos porque llegó el bus. Después de dos paradas mi amiga bajó y me quedé sola en frente de la loca y abrí el libro de Bolaño para protegerme con este libro que huele a papel recién cortado. Como si pudiera leer después de la tequila, gintonic, el vino y el otro gintonic. No sé si me protegió, pero la Loca no se me acercó.

Por fin bajé, aliviada, caminé 5 minutos hasta mi casa. En el camino noté a un tio semidesnudo durmiendo en el pavimento, feliz en su borrachera, pero me inquietaba que otro tio del bus se sentara a su lado. Seguí caminando y pasé por el lado de unos chicos que estaban comiendo bocadillos en frente de la bodega Bocadillos y Melón a las 4 de la mañana. Me dijeron, hola quapa, quieres melón y yo les dije, es muy tarde o demasiado temprano.”..y hasta mi voz sonó extraña”.

1 comentario:

  1. Muchas gracias por dar a conocer este título que no conocía, y que gracias a ti leeré. Un saludo, Gema

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