jueves, 17 de febrero de 2011

A contrapelo, de Joris-Karl Huysmans

Joris-Karl Huysmans “A contrapelo”

Lengua: CASTELLANO 
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788437604909 
Colección: LETRAS UNIVERSALES
Nº Edición:1ª ED. 
Año de edición:1984
Plaza edición: MADRID

Reseña de Antonia Bocero

De “A contrapelo” a Federico García Lorca
La noche no prometía en cuanto a lectura: las explicaciones que daba sobre su vida la heroína del libro recién comprado, no lograban atraer mi atención; de ello quizá tenía la culpa la novela “Mujeres de ojos grandes”, de Ángeles Mastretta, leída recientemente y cuyo enfoque narrativo me interesó desde el primer momento. En ella la autora cuenta, con magistral sencillez, las historias de unas mujeres que -pese a lo que estaba previsto para ellas- llegado el momento sabrán dar un giro copernicano a sus vidas. Así que dejo el libro en cuestión y me acerco a la estantería de siempre. A un palmo se hallan uno del otro “A contrapelo” de J.K. Huysmans, y las obras completas de Federico García Lorca (de quien ahora se cumplen 69 años de su muerte). Los rescato de su sueño y al azar abro de “A contrapelo” la página donde el protagonista, De Esseintes, descifra el misterio del sabor de los licores, y a cada uno de ellos les busca la nota musical y el instrumento que mejor los define (curaçao: clarinete; kummel: oboe; menta y anís: flauta; kirsch: trompeta; etc.). Hallazgos que lo llevan a sentir misteriosas melodías en su interior, pero también al agotamiento por el exceso de delicias intelectuales que está empeñado en vivir. Leo unas páginas más y dejo el libro con la impresión de que aún conserva la capacidad de sugerir impresiones, y de que su protagonista sigue tan rebelde como exquisito.
Paso al libro de Lorca, un artista que hoy se halla en el altísimo lugar que se merece, aunque a los de mi generación se nos destacó su lado folclórico; idea que se desvaneció en cuanto vimos su teatro. Lorca fue siempre un artista incómodo al que adoraba la gente del pueblo. Lo era por homosexual, por estar con los desplazados (la mujer, los gitanos); incluso lo fue para Dalí y Buñuel -que no supieron leer al amigo-, quienes presumiblemente dedican al poeta el título de su película “Un perro andaluz”, por considerar su poesía clásica y “poco transgresora”. Pero se equivocaban: Lorca fue un revolucionario de la escena, un creador profundo, como se demuestra en “La casa de Bernarda Alba”, en el “Romancero gitano”, en la balada “Si muero, dejar el balcón abierto” o en “Yerma”, un alegato contra las presiones sociales que recaen sobre la mujer, y que me dispongo a leer una vez más, con el recuerdo del reestreno al que asistí en Madrid recién llegada la democracia.


Antonia Bocero


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