lunes, 31 de marzo de 2014

La visión, título original: Espantosa incertidumbre. De Inma Pérez Ortolá


Reseña de: Miguel A. Mateos Carreira.
Título actualizado: La Visión.
Título original: Espantosa incertidumbre. 
Autor: Inma Pérez Ortolá.
Primera edición: Enero, 1994
ISBN: 84-604-8613-8.

SINOPSIS:

Cuando Patricia resolvió que había llegado el momento de regresar a la casa en la cual había transcurrido su infancia, se sentía inmensamente feliz. Al fin había conseguido su primera meta en la vida: doctorarse en psiquiatría. 
Pese a que tuvo que enfrentarse sola a infinidad de inesperadas e ilógicas contrariedades, siempre supo afrontar con valor cualquier adversidad. 
En pocos años, llegó a poseer todo lo que cualquier mujer puede desear; un hogar feliz, una familia maravillosa y un trabajo a su medida. 
Sin embargo, ella misma destruyó todo aquello con lo que siempre había soñado. Sólo quedaba de ella un patético semblante que no se asemejaba lo más mínimo a la Patricia de años atrás. 
¿Cómo una mujer luchadora y tan segura de sí misma termina siendo paciente de un psiquiatra? ¿Qué tuvo que soportar su mente para llegar a tal extremo? ¿Fue tal vez la enorme mansión de aspecto lúgubre la culpable de esa ironía? 

COMENTARIO:

Cuando me adentré en las páginas de esta obra sentí un escalofrío. La capacidad de descripción, de encuadre, me hizo recordar algo que tenía largamente olvidado como escritor, como narrador, como contador de historias. La cercanía del relato me hizo recordar otras obras y otros autores. Me hizo viajar a mi pasado como lector. Me hizo recordar el primer relato, un relato mucho más corto que esta obra y que durante años busqué hasta que tras leer esta obra el azar quiso que volviese a encontrar. 

Por consiguiente, lo primero que me ha transmitido la obra es un anhelo, un deseo. Lo segundo que despertó es un recuerdo, y las visiones algunas veces son recuerdos otras veces no lo son. En el caso de esta obra es algo que atrapa a la protagonista pero que no desvelaré a los posibles lectores para que lo descubran por si mismos, pues eso es lo importante cuando uno se adentra en la lectura de un libro.

Es, por tanto, una obra que no se olvida. Es una obra que a través de sus 460 páginas nos hace sentir que eso que a medida que nos hacemos adultos olvidamos y puede reaparecer cuando menos lo espera uno o como menos lo espera. 

Además nos hace sentir como el niño de la página 94, nos hace sentir como observadores silenciosos que impacientes nos mordemos las uñas inquietos esperando que vendrá después.

A decir verdad, con un planteamiento claro, un nudo que atrapa al lector como una telaraña, y un desenlace que nos deja una extraña inquietud en el corazón, la obra nos habla más a nuestra capacidad de sentir que a nuestra capacidad de razonar. La obra nos hace ver las cosas desde una perspectiva digna de enajenar la mente del lector más despreocupado. Más a la vez tiene ese espíritu romántico que actúa como una tormenta en el lector, que lo hace ver cada elemento de la historia como rayos o destellos en la oscuridad nebulosa.

La obra no me ha disgustado. Me ha dejado un buen sabor de boca, pero un sabor a la vez extraño como de algo oxidado y salado. Me ha recordado que la magia existe que sólo hace falta saber mirar a nuestro alrededor.

Al principio he decir la verdad, la portada me pareció recargada, pero después de leer la obra comprendí el sentido de la misma y me ha parecido coherente con la obra en sí. Una obra de una autora que con el paso de algunos años si le da una vuelta de tuerca a la la forma de narrar obras como esta centrándose más en el terror, en la parte oscura de la obra podría convertirse en una Anne Rice o Henri James; o si prefiere darle más luz quizás en una autora similar a Alejandro Dumas, y “La Dama de las Camelias”, o una Jane Austen. A mi entender el tiempo dirá que camino sigue esta autora.


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