miércoles, 30 de junio de 2010

Tigana, de Guy Gabriel Kay


FICHA TÉCNICA
Título: TIGANA
Autor: GUY GABRIEL KAY
Colección: FANTASIA EPICA
Editorial: TIMUN MAS
Páginas: 521
ISBN: 84-7722-289-4
Portada: MEL ODOM
Género: Novela / Fantasía Épica

Reseña nº 4 para el certamen de Reseñas Literarias



SINOPSIS:

Tigana es una tierra maldita. Maldita y asolada. Tigana no existe. Solo existe en la memoria de aquellos que habían nacido en ella antes de que sus valientes pobladores hicieran frente a la invasión y ganaran la primera batalla matando al hijo del rey hechicero. Y esa fue su venganza: Conquistarla y borrar del recuerdo del mundo la existencia de esa tierra maldita. Solo aquellos que la recuerdan pueden pronunciar su nombre, y solo ellos pueden oírlo. Pero Tigana desaparecerá del recuerdo con la muerte del último niño nacido antes de la batalla.
Años después, un puñado de hombres y mujeres pretenden expulsar a los conquistadores y devolver a su tierra su identidad, su nombre. Su lucha es la lucha de la desesperación, de la venganza. Pero también la lucha del amor frente al odio, y de la necesidad frente a los deseos.
Músicos ambulantes, magos renegados, nobles caballeros, damas, eunucos, todos nos exponen su alma en las crudas luchas por la libertad de una tierra condenada. Guy Gavriel Kay nos hacen temblar de placer y llorar de dolor con ellos, nos transporta por un paisaje de intriga y traición desde los caminos polvorientos y las ruinas hasta la corte, sensual y depravada, donde el rey hechicero espera que se cumpla la maldición.

OPINIÓN PERSONAL:

Si en “El Tapiz de Fionavar” nos describe el mundo primigenio y medieval de un paisaje nórdico, que bien podría ser su Canadá natal, y en “Los mosaicos de Sarantium” nos traslada a la corte de Bizancio en todo su esplendor, con Tigana nos vemos transportados a la Italia renacentista, a la Toscana, el Véneto, con sus ciudades estado y sus cortes sensuales, sus mecenas y sus artistas.
Los nombres, los paisajes,… con suaves toques y pequeñas pinceladas te van creando un lienzo perfectamente ambientado donde sus personajes toman fuerza y relieve desde la primera página, saltando fuera del libro para anidar para siempre en nuestro corazón.
Conforme vas adentrándote en sus capítulos van creciendo, madurando relacionándose y amándose, odiándose y matándose con la mayor naturalidad. Eso me impactó la primera vez que la leí. No era frecuente ver, cuando se publicó en España, escenas de sexo tan bien descritas, tan en su momento oportuno, con tanta naturalidad, en una literatura que se consideraba “juvenil”. Ni tampoco batallas, asesinatos y muertes narradas tan sencillamente y a la vez tan explícitamente que duelen, no físicamente, sino moralmente, porque ninguna es gratuita, ni fácil. Y la menos fácil es la muerte de la inocencia.
Porque, como en todos sus libros, con Guy Gavriel Kay la vida es real, las niñas pierden su virginidad, las mujeres son violadas, los amigos tiene que sacrificar a los amigos, los personajes pierden a seres queridos y los niños tienen que degollar a su primer enemigo. Y eso les duele y les afecta, porque sus personajes tienen alma. Son como cualquiera de nosotros. No son héroes. Son personas en un mundo distinto al nuestro, pero personas, con sus defectos y sus virtudes, sus aciertos y sus meteduras de pata, moviéndose en una historia que el autor hila extraordinariamente bien, con una delicadeza extrema y a la vez con una crudeza lacerante. No hay una escena, un fragmento ni y una frase superflua, fuera de tono, que rechine.
Es una novela única, sin continuaciones, que se lee con ansiedad. Es de esas que perduran en la cabeza mientras no la estás leyendo. Que hacen que estés deseando que el metro se retrase o el autobús pille un atasco, porque la llevas encima y no la puedes soltar. De esas que lees a hurtadillas entre clase y clase, y si se puede, durante la clase. Es, en definitiva, de esas novelas que relees periódicamente, simplemente por el placer de pasar un buen rato con ella, como quien lo pasa con un viejo amigo.

AUTOR:

El canadiense Guy Gavriel Kay, autor así mismo de la trilogía “El tapiz de Fionavar”, “Los mosaicos de Sarantium” "Los Leones de Al-Rassan", y "Reino de Luz y Tinieblas", colaboró con el hijo de J.R.R. Tolkien en la recopilación y preparación de los manuscritos de EL SILMARILLION

El gremio de los magos, de Trudi Canavan


Titulo: El Gremio de los Magos.
Autor/a: Trudi Canavan.
ISBN: 9788499083445
Editorial: DeBolsillo


Reseña nº 3 que participa en el certamen de Reseñas Literarias


SINÓPSIS:
Cada año los magos de Imardin se reúnen para vaciar las calles de la ciudad de vagabundos, pícaros y maleantes. Son maestros en las diversas disciplinas de la magia, y saben que nadie puede opnérseles. Pero su escudo protecto no es tan impenetrable como creen. Porque Sonea, una joven de la calle, está furiosa tras ver que su familia y sus amigos vana ser expulsados de la ciudad.
Toda la rabia acumulada por años de injusticia va concentrada en una piedra que Sonea lanza contra las fuerzas del orden. Para sorpresa de todos, la piedra atraviesa la barrera invisible y derriba a uno de los magos. El peor de los temores del gremio se hahecho realidad: hay un mago sin educar en las calles. ¡Un mago fuera de la nobleza! Deben encontrar a Sonea cuanto antes, porque se trata de una persona con un poder enorme que, descontrolado, representa una amenaza tanto para quien lo posee como para el resto de la ciudad.
RESEÑA:
Cuando llego esta obra a mis manos si digo la verdad me esperaba algo del estilo de "Crónicas de la Dragonlance". Me equivocaba me encontre con una obra que me recordó bastante a las de Terramar.
Ciertamente, el ritmo en algunos momentos se puede hacer lento, demasiado lento. Sin embargo, ese ritmo esa velocidad es parte del Arte de esta obra pues nos obliga a concentrarnos más en las palabras que en una obra de lectura más dinámica.
Por otro lado nos encontramos con la Trudy Canavan nos expone los primeros temas morales, la riqueza y la pobreza, el estatus social y las clases; incluso, trata desde la perpectiva de la fantasía la falta de trabajo, la delincuencia y otros temas similares, del mismo modo que se implica en otros puntos.
La verdad es que me sorprendió mucho su contenido. Me sorprendió realmente mucho, pues es algo que nos atañe directamente pero que muchos no quieren ver en nuestra sociedad. Sólo puedo valorar esta obra lo máximo posible, tanto por los temas como por la sorpresa que produce la forma que usa para presentarlos. Creo que es una saga que vale la pena leer desde este primer libro.

martes, 29 de junio de 2010

La Argentina indefensa, de Rodolfo Balmaceda


Reseña nº 2 que participa en el certamen de Reseñas Literarias, votala.
Autor: Balmaceda, Rodolfo
Título principal: La Argentina indefensa; desmalvinización y desmalvinizadores
Publicación: Buenos Aires : Los Nacionales
año 2004
Formato: 255 p. 23 cm.
Notas: Bibliografía: p. 251-254.
ISBN 987-98174-2-7.

La indefensa Argentina y los "desmalvinizadores"
El antes militante que escritor, o “más que un hombre de letras, un hombre que escribe letras para los hombres”, Rodolfo Balmaceda, pone de relieve en “La Argentina indefensa” de Ediciones Causa Nacional, aspectos muy poco tratados de ese acto trascendental que significó la recuperación de las Malvinas por parte de la Argentina.

El libro no intenta hacer la historia de la guerra, hay bastantes libros que se encargan de ella, sino del significado político de la misma desde la perspectiva del interés argentino ¿La Argentina perdió la guerra de Malvinas? ¿Existió y/o existe una orquestada campaña de “desmalvinización”? ¿Corre riesgo la integridad territorial argentina?, preguntas que debería hacerse cualquier argentino y que Balmaceda no sólo se las hace sino que, y eso es lo ciertamente meritorio, se esfuerza por responderlas.

Sostiene que la Argentina no perdió la guerra en la batalla de Puerto Argentino (después de todo en una guerra se pueden perder muchas batallas), sino a partir de ella, cuando el “olvido” se hizo militante (sólo hay vencido cuando éste deja de luchar).

Este “olvido”, que Balmaceda llama “desmalvinización”, sistemáticamente sugerido y enseñado a través de todos los medios posibles, sería producido por la inteligencia británica y pragmatizado por “los cipayos a sueldo y ad-honorem”, especies abundantes en estas tierras (sobre todo los últimos).

El objetivo: generar conciencia de derrotado, de vencido y, en última instancia, la pérdida del sentido de pertenencia a una nación. Dejar en claro la opinión de los hombres públicos durante y luego de ese gran acontecimiento histórico, y no como un buscador periodístico de banalidades insustanciales sino para demostrar cabalmente la hipótesis central del libro, es sin duda alguna, un gran acierto.

Si se le reprocha al gobierno militar esconder lo “malo” de la guerra, los gobiernos democráticos que le siguieron y la opinión pública, por sentimiento de culpa, de inferioridad o por complicidad manifiesta escondieron lo “bueno” y se regodearon, y aún lo hacen, con las “miserias” de la misma (comunes por otro lado, a toda guerra). Esto demostraría claramente que el autor no anda muy lejos cuando afirma que los desmalvinizadores existen.La geopolítica, una materia que ha dejado de circular en el mundo marginal, pero no en los países serios del mundo que no la venden pero sí la utilizan (el ejemplo más reciente es Irak), en uno de sus principios sostiene que se debe “operar el avance por la línea de menor resistencia”.

Por eso hace bien Balmaceda, en una época y en un mundo ávido de recursos naturales estratégicos como el petróleo y el agua y donde se presentan doctrinas que consideran que “ciertas regiones del mundo no pertenecen a nadie”, en preocuparse, en esta Argentina “indefensa”, por la Patagonia y la Antártida.Finalmente, de la lectura del libro, a pesar de los más de veinte años de la feroz campaña para demostrar que fue una “aventura irresponsable”, el sentimiento patriótico aflora. Y ese mérito no es poco. Porque como dice Manuel Ugarte, citado en la obra, “si no queremos ser mañana la raza sojuzgada que se inclina medrosamente debemos ser profundamente patriotas”.

lunes, 28 de junio de 2010

Estuve, de Miguel Ángel Sedoff


Reseña nº 1 que participa en el certamen de Reseñas Literarias, votala.
Estuve
Cuentos
Editorial Hommo SApiens
Colección Ciudad y Orilla
155 pág


DAtos del autor del libro reseñado Miguel Ángel Sedoff nació en la ciudad de Oberá, provincia de Misiones, República Argentina, en 1965. Publicó MARACAS AZULES, poemas (1986) y TODOS AQUELLOS DÍAS (Editorial Municipal), 1995, novela ganadora del Concurso Jóvenes

Narradores Rosarinos, organizado por la Municipalidad de Rosario. Actualmente vive en Rosario, ciudad en la que reside junto a su familia. CON EXTRAÑA FAMILIARIDAD El libro de cuentos


Estuve, de Miguel Sedoff, es un muy buen comienzo de la Coleción Ciudad y Orilla. "Después de un fracaso —escribió Fiódor Dostoievski— los planes mejor elaborados parecen absurdos". Todo indica entonces que el dolor aparecerá luego de cualquier intento que resulte frustrado o cuando la falta de lucidez necesaria para resolver a tiempo los embates del destino obligue a tomar decisiones equívocas.

Una mirada aguda sobre la complejidad de lo cotidiano, expuesta con absoluta madurez discursiva, es la Miguel Sedoff pone en su libro de cuentos Estuve (Editorial Hommo Sapiens). En él, los finales abruptos o violentos, propios de un relato fantástico, no son necesarios para conmocionar al lector: el suspenso inusitado de sus historias, tan reales como crueles, hace que la ambigüedad de las relaciones humanas supere con creces cualquier ficción mágica. Sedoff también destroza el mito de que sólo las novelas policíacas provocan esa necesidad imperiosa de dar vuelta la página para descubrir quién es el asesino, o la perplejidad absoluta de los finales de ciertos relatos maravillosos.

Estuve cuenta historias de gente común que no por cotidianas o domésticas dejan de tener ribetes complejos y atrapantes. Con la distancia narrativa necesaria como mérito y recurso, cuenta sin juzgar la realidad tal cual es y no la que se desea. Realiza un análisis minucioso de los personajes, se sumerge en el hilo conductor de sus pensamientos y brinda en forma pormenorizada los conflictos internos, lo que mantiene al lector inmerso dentro de sus mentes y elucubraciones. "Las historias perfectas —dice el autor— no existen". En lo cotidiano, entonces, ocurren los sucesos más dolorosos y los enemigos, que adoptan la forma de un compañero silencioso, suelen ser los propios desaciertos.

Todos sus personajes tienen un eje en común que es el vacío, a veces forzado por abandonos o pérdidas irreparables y otras, por elección. Pero ante el estoicismo necesario para afrontar esas situaciones el slogan "el show debe continuar" no será fácil de aplicar para muchos de sus protagonistas. Tal es el caso del último relato en el que Jorge, durante un verano fatal, pierde a su esposa e hijos en un accidente automovilístico. Tampoco para la vida de Betty, en el cuento "Post-it", cuando luego de relegar su vida por años para dedicarse a su familia, bordea los límites de la locura ante las repetidas infidelidades de su marido. Estuve cuenta, entre otras cosas, los entretelones de separaciones conyugales dolorosas provocadas por el hastío de lo cotidiano, la desesperación o el maltrato.

Retrata la posición en el mundo de un hombre que padece obesidad, abordada desde sus pensamientos más íntimos. También las decisiones erradas de sus protagonistas ante situaciones adversas que muchas veces devienen en el absurdo, como en el relato "Aguas abiertas", en el que Rubén, tras romper con su novia, no elige mejor recurso que la autodestrucción para recuperarla.

La fidelidad de los relatos de Estuve es tan contundente que si el autor utilizara un mismo personaje para todos sus cuentos nada cambiaría en absoluto. Casi como un deja vu, entrega esa extraña sensación de familiaridad sobre un hecho, un lugar, un recuerdo, un intento frustrado tan tangible que ocurrió, o le puede suceder a una persona cualquiera en el momento menos pensado de su vida.

viernes, 25 de junio de 2010

El código Da Vinci, de Dan Brown


Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788495618603
Nº Edición:1ª
Año de edición:2003
Plaza edición: BARCELONA


Lo confieso, leí “El Código Da Vinci”.


Por Juan Ignacio Prola.


Todos los lectores de este libro con los que he conversado me dicen que les ha gustado. Después de cuarenta y cinco años de llevarle empecinadamente la contra al mundo, tan unánime opinión era una invitación al disenso. Por eso, a nadie extrañe que yo lo abomine. Aunque seguramente los demás tengan razón, voy a dar los motivos de mi condena. Aquellos que abogan en favor de la novela, esgrimen en su defensa la verosimilitud de la información y el rigor de los datos que maneja su autor. No voy a negar ni lo uno ni lo otro, al fin y al cabo, al poeta le basta con nuestra fe en sus palabras. Mi crítica, aclaro de inicio, se refiere a cuestiones estéticas –literarias, si se quiere–; de manera que poco y nada me interesa la verdad o no de la tesis que sustenta el argumento. Para concluir con el tópico, digamos que la página más eficaz de la obra es, quizás, aquella en que el autor jura que “todas las descripciones de obras de arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son veraces”. El procedimiento, claro, no es nuevo, Carlos Castaneda se ha servido de una técnica similar para escribir algunos de sus mejores libros, aunque ejecutada con mayor maestría. Sospecho que si en lugar de una novela Brown hubiera escrito un ensayo, nadie le habría prestado demasiada atención. La elección de la ficción como vehículo de expresión es acaso su mayor acierto. Otra de las razones que los defensores del libro suelen alzar en pilar de su redención es el magistral ensamble, la exacta coincidencia, el perfecto encastre, la precisión de relojero con que el autor logra unir la profusa información reunida. Respondamos que, puestos a buscar correspondencias, podemos hacer que todo coincida con todo y cualquier hecho tenga su correlato con otro, como los panteístas, incluso hasta el paroxismo o la locura. En este orden de ideas, me parece mucho más lograda y de más fina erudición una obra como “El péndulo de Foucault”, de Umberto Eco. “El Código Da Vinci” es una larga adivinanza de casi seiscientas páginas. La verdad es que no veo razón para demorar tanto un acertijo, el relato corre el doble riesgo de perderse o tornarse tedioso. (Una digresión. Los juegos de enigma, las charadas, parecen casi un género en la tradición literaria de la lengua inglesa, traigo algunos de ejemplos: el Códice de Exeter, documento de la Inglaterra sajona, recopila noventa y cinco adivinanzas, algunas tan complicadas que no se ha encontrado aún la respuesta; Edgar Allan Poe inventó el cuento policial, que es una adivinanza; Arthur Connan Doyle, creó al descifrador de enigmas más famoso de la Literatura, Sherlock Holmes; a la lengua inglesa debemos también la invención de las novelas de espionaje, que son complicados rompecabezas, y que han dado las siempre afortunadas plumas de John LeCarrè y Graham Green. Dan Brown no parece ser el mejor heredero de esa tradición. Vuelvo.) Para evitar que el argumento se torne tedioso a lo largo de la dilatada obra, el autor le imprime un ritmo vertiginoso al relato; para mantener atrapada la atención del lector, se ve obligado a terminar cada capítulo con un misterio que se resuelve en el siguiente. Tal vez lo consiga al principio, pero la insistencia en el uso de esta técnica vuelve completamente artificial el desarrollo de la trama. Al final, comprendemos que hubiera bastado con cien o ciento veinte páginas –cantidad generosa de papel–, para decir todo lo necesario. Esto es de extrema gravedad, pues indica que puede prescindirse de cuatro quintas partes de la obra sin ocasionar el menor perjuicio a la narración. De lo dicho podría inferirse que la trama es ágil y que nos conduce a un final inesperado. Nada de eso, el final es fácilmente predecible y tampoco hay sorpresa en los hechos que llevan a él. Las imágenes, las escenas, las descripciones, las técnicas narrativas son poco imaginativas. Un lector más o menos perspicaz puede intuirlas con demasiada anticipación. Además, ya se trate del racconto o de las abundantes escenas para películas de acción (hay una muy previsible “cámara lenta” en los últimos capítulos, digna de cualquiera de las de Indiana Jones, que muestra a las claras la influencia del cine; otra, no demasiado original, describe la huida del malvado a través de una cocina derribando sartenes y platos), siempre se nota demasiado la mano del autor quitándole espontaneidad al relato. Preocupado por sostener el argumento a cualquier precio, Brown fabrica personajes en serie moldeados en matrices huecas. Este es otro de los serios problemas del libro. Sabido es que una novela puede tener un argumento mínimo o no tenerlo en absoluto, pero en modo alguno puede obviar los personajes. Existen obras maestras del género que carecen de argumento, cito algunas al azar de la memoria: Los monederos falsos, de Gide; Apuntes desde el subsuelo, de Dostoievski; En busca del tiempo perdido, de Proust; Viaje hasta el fin de la noche, de Celine. Otras hay en las que el argumento es casi imperceptible o sirve de mera excusa, como Cien años de soledad, Adán Buenoayres, el Ulises de Joyce, Moby Dick, Los siete locos, El callejón de los milagros. Y existe una tercera categoría, aquellas en las que el personaje es el propio argumento, como El extranjero o El Quijote. Al leer estas obras sentimos que el autor ha creído en sus criaturas, que ha compartido con ellas el pan y el vino, que ha sufrido y ha gozado a la par de sus hijos. Estamos frente a seres vivos, hablamos con ellos, reímos y lloramos con ellos. Cervantes está más preocupado por el destino del Quijote que por las exigencias del estilo, eso le permite crear al primer –y sin lugar a dudas, el más querido– antihéroe de la literatura. La virginal candidez de los Buendía nos inspira una mágica y arrobadora ternura. ¿Cómo no conmovernos con sus actos inocentes hasta la crueldad? Al encontrarnos con Mersault, extranjero de sí mismo, ¿quién puede evitar el vacío, la ausencia, la alienación que provoca ser un forastero del mundo? Cuando avanzamos por el callejón de Midaq, y paramos a comprar dulces al Tío Kamil o entramos a tomar menta en el Café de Kirsha, sabemos que el milagro es posible y está siempre a punto de ocurrir. Nada de esto sucede en “El Código Da Vinci”, aquí no hay personajes, hay funcionarios. Son como esquemas literarios, cuya función en la economía de la obra consiste en ser útiles a las circunstancias de la trama. Pareciera que cada vez que Brown necesita desarrollar algo, va hasta el depósito, toma uno de estos armazones, lo desempolva y lo presenta sin el menor pudor. El profesor, la heroína, el policía, el millonario excéntrico están puestos ahí para explicarle el argumento al lector. Langdon no es un ser humano, es una profesión, el autor necesitaba un experto en simbología religiosa para ir cosechando las claves tupidamente sembradas a lo largo del relato, y contrató a un profesor de Harvard. Lo terrible para nosotros es que el negocio le sale mal y acaba siendo una pésima inversión: en la página trescientos setenta nos enteramos con espanto que Langdon es tarado, y que el sencillo artilugio (que por cierto no pasa inadvertido al lector) de escribir unas letras al revés basta para desorientarlo por completo. Pasado el estupor inicial de semejante revelación, uno busca justificación para tanto ensañamiento del autor con su héroe. Lo primero que se nos ocurre es que se trata de una irónica burla gastada a los catedráticos de la conocida universidad; o, mejor aún, pensamos que tal vez Brown, como Swift o como Flaubert, esté obsesionado con la estupidez. Aunque tardíamente, esto hubiera redimido al autor dándole al personaje un rasgo humano, decididamente humano. Pero nada ocurre, a medida que avanzamos en la lectura comprobamos que ha sido un desliz provocado por la escasez de recursos estéticos del escritor. En definitiva, a los personajes de la novela (de alguna manera hay que llamarlos) les falta vida. El autor no consigue salvar el obstáculo ni siquiera intercalando rasgos circunstanciales en la narración. Cada vez que lo intenta, éstos terminan siendo demasiado predecibles y ejecutados con negligencia. Y ya que hablamos de torpezas, apunto que las escenas de remisiones –sea a clases dictadas por Langdon, a la infancia torturada del villano o a ritos ancestrales presenciados por la heroína en su adolescencia–, son tan artificiales que parecen haber sido agregadas una vez terminada la novela. Por lo demás, es notorio que Brown padece del conocido “síndrome de Hollywood”, esa simplista división de los personajes en buenos y malos. Los buenos son buenos desde la primera página y hasta la última; los malos se dedican a hacer porquerías por el perverso y único placer de hacer el mal. Los buenos están siempre a favor de la verdad y de la justicia; los malos están equivocados o, en el mejor de los casos, tienen un pasado de dolor y sufrimiento que los justifica como tales. Los justifica, digo; no, los redime. Me parece demasiado pueril. A esta altura de mi vida, cuando leo aspiro a que me traten como a un adulto. De hecho, más que una novela, el libro es un guión para una película, o al menos, da toda la sensación de que ha sido escrito pensando en la industria cinematográfica. Nadie se sorprenda si en un futuro no muy lejano, Brad Pitt y Angelina Jolie son la pareja protagónica de una superproducción con notable éxito de taquilla, y hasta se lleva algún Oscar. Otra cuestión aborrecible del libro es esa obsesión que tienen los norteamericanos por evitar que una obra pueda ofender a minorías raciales o religiosas, y por esto ganarse un juicio. Este temor reverencial a los pleitos entorpece el desarrollo de las novelas, filmes y obras de teatro. De otro modo, no se explica por qué el autor resalta en varias ocasiones la profunda espiritualidad del Papa y de quienes componen la cúpula de la Iglesia, o se la pasa aclarando que la mayoría de los miembros del Opus Dei, filial Estados Unidos, son exitosos ejecutivos y dedicados padres de familia, que creen de buena fe en los postulados de la obra de Escrivá de Balaguer. Si no es éste el motivo, no veo la razón por la que Brown anda pidiendo disculpas cada cincuenta páginas. Todo esto le quita frescura al relato. Un párrafo aparte merecen los diálogos. Es sabido que el autor de una novela suele transitar diversos géneros a lo largo de la obra. Especie de gran orbe literario, la novela permite incluir en ella la poesía, el ensayo, la crítica, el drama, la fábula, etcétera. ¿Qué es el “Informe sobre ciegos”, sino un cuento de horror dentro de una gran novela? O “Cándido”, ¿no es también un brillante ejercicio de la parábola? Una de las posibilidades que nos da el universo de la novela es el diálogo. Para los griegos el ser era eterno, increado, no tenía comienzo ni fin. Parménides se refiere a él como “no nacido”, “no perecedero”, “sin fin fuera de sí mismo”, “todo entero y presente a la vez”, “único”, “sin interrupción”. Antes, Anaximandro lo había llamado “no finito”, ápeiron. Esto le permitió a Platón enseñar que conocer es recordar e inventar el diálogo, para poder seguir conversando con su maestro Sócrates, muerto por la cicuta . A partir de entonces el diálogo se convirtió en uno de los géneros preferidos por filósofos y teólogos, dando nombres inmortales como los de Cicerón, Boecio, Ramón Llull, el obispo Berkeley, Giordano Bruno, entre otros. Con el advenimiento del modernismo filosófico, los científicos y pensadores sintieron que el ensayo era un medio más idóneo para expresar sus ideas que el diálogo. Pero este género literario no desapareció, fue absorbido por la novela, es decir, por la ficción. La necesidad estética de crear un ambiente, de mostrar un personaje, de resaltar las pasiones que mueven a los caracteres, hizo que la novela fuera cambiando, y con ella el diálogo. Así, para hacer más creíble el mundo en el que se desarrolla la trama, para satisfacer a un lector cada vez menos inocente, y en consecuencia, más suspicaz, los autores empezaron a registrar las vacilaciones, los modos, los énfasis, las pausas, las entonaciones, los distintos ritmos del habla de los personajes. Los interlocutores comenzaron a interrumpirse, a insultarse, a hacerse bromas y reproches, y hubo frases truncas y equivocaciones y oraciones sin sentido y malos entendidos, como los hay en cualquier conversación. La literatura norteamericana nos ha dado algunos de los mayores maestros del diálogo (Hemingway, Tom Wolfe, por citar sólo un par de ejemplos). Esto parece ser absolutamente ajeno a Dan Brown. Pese a que abundan sus convenciones tipográficas, en “El Código Da Vinci” no hay diálogos. Hay exposiciones, hay argumentaciones, pero no diálogos. Los personajes no hablan, pontifican. Todas las conversaciones entre los protagonistas de la novela tienen un lamentable fin didáctico: explicarle al lector conceptos básicos de religión, logias masónicas, computación, historia, etcétera. Los injustificados diálogos de Brown dicen cosas como ésta de la página 467, que ahora copio: “Para empezar, un poquito de álgebra de Boole combinada con algunas palabras clave, a ver qué pasa.” Para muestra basta un botón, dicen. Termino de leer y acabo también de anotar mis impresiones. Ha dicho Oscar Wilde, a quien siempre recurro en cuestiones estéticas, que hay dos clases de libros: aquéllos que están bien escritos y los que no. “El Código Da Vinci” no es una mala novela, es peor. Confieso que la he leído. Ruego a Cervantes, a Balzac, a Mahfuz, a Faulkner, que me perdonen tan grave pecado. En penitencia, prometo lacerar mi carne con un cilicio hasta sangrar.

jueves, 24 de junio de 2010

Las andanzas de un joven arcaico, de Carlos de la Sierra


DE LA SIERRA, CARLOS
OLEGARIO DE NICODEMUS (VENTURAS Y DESVENTURAS DE UN CRISTIANO VIEJO)
EDITORIAL DOSSOLES.
BURGOS, 2004
180 pgs.

Reseña de JM. Prado – Antúnez.

Aunque ya lleve algunos años publicado, reaparece en la memoria de la provincia burgalesa el último libro de Carlos de la Sierra y la penúltima aventura de ese ser metedor de patas, enamoradizo pero asustadizo, al que todos los perros le donan sus pulgas, tan lleno de cuitas como un verano burgalés de abandonos y repeticiones, Olegario de Nicodemus, publicado por la editorial burgalesa Dossoles. El libro además va precedido de un breve prólogo de José Luís Charcán, que se hace terriblemente iluminador de lo que acontece en la novela. Pero vayamos por partes.
Olegario de Nicodemus no es personaje nuevo en la bibliografía de Carlos de la Sierra. Por lo menos en “Olegario el del centenario”, que recogía y se regocijaba refocilándose en las fastos del noventa y dos, y que Carlos me rectifique, pero le creo el personaje nostálgico y armonioso, lírico y sentimental, de “Los santos días del pasado”, aunque en esta novela acudiese a nos con la piel de otro trotamundos. O quizá Olegario siempre tiene la piel de otro, y he ahí su seducción y su buen delineamento como personaje.
Esta última novela compromete a Olegario en un viaje al pasado burgalés, desde 1477 hasta su descanso real en ese edén de tropicalidad donde encuentra el respiro de amoríos imposibles.
En realidad, podemos definir la última novela de Carlos de la Sierra como una “road – novel”. En las “roadmovies”, alguien realiza un viaje de iniciación o de cumplimiento de promesas o de descenso a los infiernos. De la misma manera, en esta roadnovel, Carlos de la Sierra nos lleva sumariamente por todo tipo de novelas de aventuras, de diario, de descubrimiento final imprevisto, de caballerías, de las malas artes del lumpemproletariat, picaresca, y más, y más.
He aquí su característica más propia: es una novela de novelas. Cada capítulo (trancos, a la manera de CJC) es una historia en sí misma, que se puede leer por sí misma y al que sólo echamos en falta que no acabe, que no tenga fin, que cambie de capítulo y se reinicie una nueva historia en otro lugar (¿y en otro tiempo?) Porque el amigo Olegario cuenta su epopeya de pulgas mal rascadas y es lo que se debe seguir, el cauce principal de la historia.
Uno de los capítulos esenciales de la novela es el paso del personaje central por Aranda. Aquí enamora de mujer y la desazón le hace evidenciarse como caballero de maldeamores que marcha a la guerra por olvidarse de ellos.
Burgos, Aranda, Granada, Sevilla, Palos, América, Isabel la Católica, Colón, mequetrefes que quieren ser alcaldes, un pueblo que no sólo posee la picaresca, la envidia también, y un personaje maravilloso, etéreo, angelical, Marianilla (¡ay!) van surgiendo en la lectura, ante nuestros emocionados pensamientos, barruntando el final, imbricándonos de la historia en la Historia, pero con un deje sarcástico y burlón, que me gusta. El final, cuando sucede, no es final, que es comienzo, que es imprevisto.
Carlos de la Sierra presenta una novela donde ha sabido compaginar la historia de un malhadado truhán que no es truhán y sí perro de pulgas con la Historia de España que se celebra en este momento. Y aunque el autor le ha dado un tratamiento especial, original, propio, toda esta Historia está documentada de manera precisa y bien rumiada para presentarla al lector.
La historia de Olegario mueve a la risa impulsiva y compasiva quizá y a la envidia al conocer el final de sus peripecias, a la lágrima solidaria por el azaroso abandono de su angelical amor y a la tristeza por el desconocimiento de la totalidad de su historia, impublicada por culpa del impresor más “vivo” desde Rojas.
Nos presenta Carlos de la Sierra a través del a editorial Dossoles, una novela bien escrita, bien documentada, con un tratamiento original y que mueve a un sinfín de caóticos sentimientos contradictorios, donde prima la imaginación en un tiempo de papagayos realistas, y es de sumo agradecer y perfectamente recomendable su lectura.

martes, 22 de junio de 2010

El desajuste del mundo, de Amin Maalouf


16,5 x 23,8 cm.
320 Páginas
Cartonado
I.S.B.N.: 978-84-206-8575-5
Código: 3432575
18,75IVA no incluido
19,50IVA incluido

Septiembre 2009
Reseña de Jose María Ariño Colás


Ha sido para mí una grata sorpresa la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Letras al escritor libanés Amin Maalouf. Este maestro del ensayo, nacido en Beirut en 1949 y afincado en Francia desde hace décadas, está dotado de una imaginación sin límites y de una rigurosidad histórica libre de interpretaciones antojadizas. Maalouf representa la tolerancia entre las culturas, el diálogo entre opuestos y una visión de la historia despojada de prejuicios.

La escritora Maruja Torres, gran conocedora del Líbano, afirma hoy en su columna de El País: "Este escritor de ética global y estética mestiza no se desentiende nunca del ser humano ni de los conflictos que larvan sus discordias".

A raíz de la publicación de su última obra, el clarividente ensayo El desajuste del mundo, escribí un pequeño artículo del que voy a extraer dos fragmentos. Quiero que sirvan de modesto homenaje a este escritor comprometido con el mundo que le rodea:

"El autor de novelas como León el africano, Samarcanda o La roca de Tanios reflexiona en este jugoso ensayo sobre algunos aspectos que ya había esbozado en libros anteriores: la intolerancia religiosa, en Los jardines de la luz, o los nacionalismos exacerbados, en Identidades asesinas. Pero ahora va mucho más allá. En una breve presentación, hace partícipe al anónimo lector de la difícil y confusa andadura de este siglo que acaba de comenzar: “Hemos entrado en este siglo nuevo sin brújula”. Una brújula que está condicionada por varios desajustes: intelectual, financiero, climático, geopolítico y ético. Con un lenguaje metafórico, Maalouf habla de turbulencias, de vuelcos o de callejones sin salida. Y se lamenta de este estado de inconsciencia en el que han desembocado las actuales generaciones: “Y volvemos a preguntarnos si nuestra especie no ha llegado al umbral de la incompetencia ética, si no acaba quizá de iniciar una regresión que pone en entredicho lo que tantas generaciones sucesivas se habían esforzado por edificar”.

El ensayista libanés, afincado en Francia desde 1975, se declara desde el principio un adepto de la Ilustración, un apasionado de la libertad y un enamorado de la vida. Este talante abierto y optimista no le impide reconocer que el desajuste del mundo está en fase avanzada y que será difícil dar marcha atrás. La primera parte del libro – con el epígrafe “La victorias engañosas” – centra su interés en un momento histórico importante no sólo en Europa sino a nivel mundial: la caída del muro de Berlín, en 1989. Maalouf no olvida la importancia de este evento, pero reconoce – y el tiempo le está dando la razón – que el final de la guerra fría fue un acontecimiento engañoso. Se basa para ello en hechos incontestables: la escalada continua de conflictos de identidades, el aumento del radicalismo religioso en el área de la cultura árabe-musulmana y los enfrentamientos entre la civilización árabe y la occidental. Todo ello ha convertido al siglo XX en una etapa de contradicciones: el progreso y el totalitarismo se dan la mano y la rápida evolución material contrasta con la lenta evolución moral."

El Gran Capitán, de Juan Granados


Título: El Gran Capitán
Autor: Juan Granados
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788435061261
Nº Edición:1ª
Año de edición:2006
Plaza edición: VALENCIA
Editorial:Edhasa
Páginas: 640 páginas.


Reseña de: Manuel Cortés Blanco. Médico y escritor.

Todo escritor empieza siendo lector. Y a veces, aun constituyendo una misma persona, los gustos de uno y otro resultan diferentes. Así, en mi caso, disfruto escribiendo cuentos, relatos cortos, vivencias reales o ficticias que invitan a distintos verbos: reír, sonreír, pensar, reflexionar. A través de mis renglones invento sucesos que nunca ocurrieron o que, paradójicamente, podrían pasarle a cualquiera. Exprimo mi memoria, doy el día libre a mi imaginación, pongo una frase, un poema de mi abuelo, y otro, y otra. Me apasiona sentirme cuentacuentos.

Sin embargo, como lector soy adicto a la novela histórica. Habrá quien me acuse de poco original, de apuntarme a la moda literaria… Y quizás no tenga más defensa que admitirlo: me gusta descubrir a través de sus capítulos la grandeza y las miserias de esos personajes de nuestra Historia.

Cuando acepté el reto propuesto por la Asociación Aragonesa de Escritores de comentar el libro “El Gran Capitán” (Edhasa), de Juan Granados (A Coruña, 1961), sentí un cruce de sentimientos: por un lado alegría, pues coincide con el género que acostumbro a leer; por otro preocupación, dado que luego debería escribir sobre ello. Admito haber leído antes otros volúmenes de la serie Narrativas Históricas de la editorial Edhasa, pero nada de su autor.

Y asumo también no saber de antemano de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, más allá de lo que aprendí en las clases del instituto. Por ello, el reto era doble. Metido en él, me dejé sorprender por el contenido de sus siete capítulos, más epílogo y apéndice, destacando lo siguiente:

1. La historia que cuenta y que sin más dilaciones comienza en una batalla, en la isla de Cefalonia.

Hablando de quien hablamos, no podía ser de otra manera. De hecho, las campañas militares de su protagonista establecen el hilo conductor de la novela. Al-Andalus, Sicilia, el Adriático, el Mediterráneo. Enfrentamientos enmarcados en una España recientemente sacudida por la Reconquista.

2. El personaje. La personalidad del Gran Capitán queda hábilmente reflejada. Él es el soldado, el mito, el hombre. Aquél capaz de diseñar la estrategia para una batalla o asesorar a un muchacho sobre el manejo del caballo en un tablero de ajedrez. Un ser duro pero reflexivo, inteligente a la par que afectivo, culto en su lenguaje y hábil con el arma. Un caballero de honor, capaz de faltar a su juramento si obligan las circunstancias. El autor narra sus relaciones: con reyes (destacando Fernando de Aragón, sólo previsible en su reproche inicial), embajadores, oficiales (los mejores capitanes de toda la cristiandad), demás subordinados (a quienes en más de una ocasión, además de dirigir, aconseja), aliados, enemigos… Granados no se queda en el héroe; y en su empeño, retrata a la persona.

3. El resto de actores. Desde su coronel de infantería Don Diego García de Paredes (magnífico militar, pésimo bailarín, siempre a su lado), hasta el ingeniero del ejército Pedro Navarro (tan lleno de excentricidades como eficaz en su misión), una sucesión de personajes adornan la vida de El Gran Capitán. Al igual que hace con éste, el autor ahonda en su personalidad, destacando sus virtudes y defectos. Por el contexto de la novela, hay además referencias a muchos y distintos pueblos: los turcos, los árabes del desierto, las gentes de la arrogante Venecia, los franceses… En caso de despiste, el Dramatis personae del principio facilita rápidamente su identificación. 4. El uso de su lenguaje. Ágil, dinámico, adaptado en los diálogos a nuestro tiempo y si procede con sentido del humor. Admito que debí buscar en el diccionario algunas palabras marítimas o castrenses, mas eso no va en los debes: lo entiendo como un uso adecuado, acorde con el léxico del momento. En él descubrimos que Granados no sólo tiene el don de narrar; también el de describir.

Con gran dominio del verbo detalla la vida de campamento, la penuria de la tropa, el espectáculo de un desembarco, las dudas de la víspera. 5. Su final. Que sea el lector quien lo descubra. En definitiva, una novela histórica de la que he destacado estos cinco puntos, avalada por una importante investigación previa (eso se nota desde la primera línea), que indaga en la persona y el personaje de su protagonista, y de la que podría decir muchas más cosas. No obstante, diré sólo una: a mí, me ha encantado.

domingo, 20 de junio de 2010

EL GUARDIAN DE LOS SECRETOS, de Carolina Iñesta Quesada


Género: Thriller histórico
Editorial: Versátil
Primera edición española: 2010
Número de páginas: 397 páginas
ISBN: 978-84-92929-09-2

RESEÑA y VIDEORESEÑA de Eduardo Gestido Castilla

¿Y si te dijera que todo lo que conoces, no es verdad? ¿Qué harías si descubrieras esa peligrosa verdad oculta a los ojos del mundo? Necesitarás mucho valor para enfrentarte a este reto.

Hace siglos, a finales del siglo XVI, el tesoro de una rica familia del este, los Báthory, cayó en las manos equivocadas. Esas manos que mancharon de sangre el nombre de Dios, y que ahora juegan con el mundo desde sus influyentes posiciones sociales. La liga Ultra-Católica Francesa. No tardarán en descubrir, que ese tesoro guarda un inminente peligro. Tratarán de destruirlo por todos los medios, pero será imposible. Optarán por guardar la verdad, por los siglos de los siglos, protegiendo el secreto, para que nadie sea capaz de revelarlo. Pero no será así por mucho tiempo. Anna, una universitaria como cualquier otra, una fría noche en Florencia, en pleno siglo XXI, tendrá un horrible encuentro con unos hombres encapuchados, que tratarán de hacerle daño, pero Thomas, un perfecto desconocido, aparecerá en el momento preciso para ayudarla. Después de una terrible pelea entre ellos, Thomas le exigirá a Anna que abandone Florencia, para huir con él a un lugar muy lejano. Huyendo también del mundo que siempre ha conocido. ¿Pero, por qué…? No sabía en ese momento, lo importante y peligroso que sería su papel. ¿Estará dispuesta a dejarlo todo atrás para descubrir la verdad?

Comenzamos esta aventura milenaria en el año 1586, en Cracovia, Polonia, en un prólogo exquisitamente narrado que nos sitúa en la turbia situación de Ferenez de Nádasdy, un joven guerrero considerado el héroe de Hungría, que se ha reunido con el rey Esteban para comunicarle el sospechoso estado de su esposa, a la vez prima carnal del rey, Erzsebet. Le confiesa su preocupación, ya que su mujer, cada día se muestra más pendiente de su aspecto, que aunque sigue siendo hermoso, las marcas de la edad comenzaban a hacer acto de presencia. Le explica a su primo político, el rey, cómo se ha convertido en una mujer fantasmagórica, en una bruja que organiza extrañas fiestas exclusivamente para mujeres. Cada día se vuelve más fría y lejana, y en sus pupilas, ya no hay amor. Se ha convertido en una mujer totalmente despiadada. Con suma preocupación, le pedirá un favor al rey que será declinado de inmediato: necesita acceder al tesoro de la familia Báthory, que ahora descansa en manos de la Iglesia ultra católica de la cual, la familia forma parte. Aquel tesoro que los pocos valientes se atreven a llamarlo como “Asmodeo”, el nombre del demonio que Salomón asignó para ser “El guardián de los secretos”: La llave a la eterna juventud, que arrastra consigo una horrible maldición.

“El guardián allí te espera.
Ella te indica el lugar,
La que reza bajo la palmera,
La que vino por el mar.
El infierno está bajo el cielo
Y allí podrás observar,
Que entre la sombra de su cueva,
Las paredes pueden hablar.”

Este libro está narrado en primera persona por Anna, que después de un prólogo que he descrito, nos sitúa en nuestro mundo actual, en Florencia. Ella es una joven normal, simpática y con un futuro muy prometedor, pero que aunque tiene todo lo que necesita, siente un vacío eterno en su interior. No sabe, la pobre, ¡todo lo que le espera! Dividido en tres partes, y cada parte adornada con una cita religiosa y muy inquietante, nos invita a querer saber qué se esconde detrás de siglos de historia de mentiras y traiciones. ¿Qué es el Asmodeo? ¿Cuál es el terrible secreto que guarda en su interior? Para averiguarlo, nos encontraremos en una trepidante aventura llena de lugares increíbles de Europa, con unos protagonistas profundos y bien delineados. Desde que empiezas a leer, te asaltan miles de preguntas. ¿Quiénes son esos hombres que atacan a Anna en medio de la calle? ¿Por qué Thomas sabía dónde y cuándo encontrarla? ¿Qué es lo que hay detrás del Guardián de los Secretos?

Muchas incógnitas que necesitan de una pronta solución, por lo que no nos queda más remedio que adentrarnos cada vez más, siguiendo con atención los pasos de nuestros protagonistas. La ambientación es perfecta, la descripción de los lugares, citando grandes monumentos y calles perfectamente delineadas, nos trasportan automáticamente en un viaje por toda Europa. Y no sólo por lugares, sino por las décadas de la historia. De vez en cuando nos ponemos el traje del Viajero del Tiempo, y vamos hacia el 1500, donde confabulaban los grandes católicos, tratando de esconder el Asmodeo, el códice, la verdad sobre nuestra existencia.

Me leí esta novela en un abrir y cerrar de ojos y me encontré en ella un mundo totalmente distinto al que pensé que iba a encontrar. El romance es un segundo plano, un tentempié que nos entretienen en momentos puntuales, pero lo que hay detrás de la trama es mucho más grande. Un argumento bastante pretencioso, con mucha investigación a cuestas, un puñado de personajes reales y tenebrosos que poblaron nuestra historia y nuestros libros de texto en la escuela, como la terrible Erzsebet Bathory. Iglesias milenarias, llena de mentirosos y torturadores. Secretos inconfesables y unos protagonistas enternecedores, que mantienen un lazo inquebrantable, un puente entre el pasado y el presente. Es un libro lleno de aventuras, al más puro estilo de “La búsqueda”, con un gran despliegue de inteligencia y cultura, que Carolina ha sacado de sus propias experiencias, para narrarnos una original idea sobre la religión, sobre la propia humanidad. La propia autora nos advierte al comienzo de la historia, diciéndonos que necesitamos valor para leer lo que vamos a leer. Y es cierto, pues mucha gente necesitará dejar a un lado sus creencias, y mirar más allá, porque “El guardián de los secretos” puede hacer temblar los cimientos de nuestra fe, para enfrentarnos la respuesta a la pregunta más buscada: ¿de dónde venimos, a dónde vamos?

Lo único que no me gustó, fue los repentinos sentimientos que Anna tiene por Thomas, en el avión. Allí uno se da cuenta de que ha habido un acelerón de partículas. Por lo demás, todo bien, una novela para todos los públicos, con todos los ingredientes que la hacen irresistible. Anna y Thomas, su ángel de la guarda, nos llevarán de la mano por un mapa dibujado con mucho esmero y cariño, para contarnos unas aventuras, que bien podría no terminar aquí. ¿Qué es más grande que el tiempo y la propia muerte?

http://mientras-lees.blogspot.com/
http://josephbmacgregor2006.blogspot.com/2010/06/el-guardian-de-los-secretos.html


viernes, 18 de junio de 2010

Willow, de Julia Hoban


Titulo: Willow
Titulo original: Willow
Autor: Julia Hoban
Editorial: Ediciones Ambar
Fecha de Publicacion: Septiembre 2009
Encuadernacion: Rustica
Tamaño: 15x23 cm
Paginas: 336
ISBN: 9788492687053


Reseña de Anabel Botella


Hola a todos. La historia que os traigo hoy era una novela que tenía muchas ganas de leer desde que leí la sinopsis, y la verdad es que no me ha decepcionado. Willow es de Julia Hoban y está publicada por Ámbar.
Willow es una chica de 16 años que vive en casa de su hermano David desde que murieron sus padres en un accidente de coche. Willow se siente culpable porque piensa que sus padres seguirían vivos si ella no hubiera conducido el coche. También se siente culpable porque su hermano David se tiene que hacer cargo de ella. Willow alivia el dolor que siente, y que no deja salir, con una cuchilla. Después de ocho meses Willow no ha podido superar ese dolor. Nada es igual a como lo recordaba, ya no será la hija de nadie y ya no hablará con sus padres de sus sueños universitarios.
El dolor auto infringido es lo único que le queda en su día a día. David, su hermano, apenas le habla y no tiene relación con sus compañeros de clase. Un día conoce a Guy, un chico que visita su biblioteca y casualmente descubrirá su secreto. Entre ellos nacerá la necesidad de compartir la angustia de Willow. Guy tratará de que Willow se abra al mundo y que comparta su dolor. La carga que lleva Willow resulta demasiado pesada para llevarla sola. Guy será la mano amiga a la que acudir cuando el dolor sea insoportable. Si hay una palabra que define a esta novela es desgarradora.
Esta historia me hizo replantearme muchas cosas de mi día a día. Cuando terminé la novela, la sensación que me quedó es la de ser afortunada, pues podía compartir mis sonrisas, mis sueños o mis penas con mi familia. Para mí supone un gran alivio descargar estas emociones, como supongo que le sucedería a Willow antes de que ocurriera el accidente de sus padres. ¡Cuánto valor tiene un abrazo cuando estás sola! ¡Cómo llegas a echar de menos un olor, una nota o una conversación cuando todo desaparece de golpe y porrazo! Así es como se siente Willow, añora los grandes detalles, aunque también la cotidianidad de su vida pasada. ¿Dónde quedaron aquellos recuerdos que la persiguen, pero Willow no es capaz de sacarlos a la luz? Willow prefiere esconder su vida pasada, enterrarla como hizo con sus padres. No puede sufrir, como tampoco debe concederse llorar.
La única salida que le queda a Willow es la autodestrucción… hasta que conoce a Guy. Guy es un soplo de aire fresco en la vida de Willow, un chico que será su salvavidas. Me gustan este tipo de personajes buenos, que dan todo lo que tienen, sin reservas y con generosidad, y Guy es de estos chicos. Se podría decir que Guy es un ángel de la guarda aunque respetando el espacio de Willow. Y es que tanto en Guy como en Willow hay una necesidad de amar. Uno de los atractivos de esta historia es está narrada de forma sencilla, en presente (esto me desconcertó en un principio, aunque enseguida me habitué a ello). La autora se aleja de florituras innecesarias para que la trama sea más efectiva. Compartes la soledad de Willow, las lágrimas de David, la impotencia de Guy y el desgarro de una muerte.
Hay algunos momentos en las conversaciones que mantienen las nuevas amigas de Willow en los que aparentemente no pasan nada, pero es sólo apariencia, pues intuimos los pensamientos de ella y sus emociones. Es entonces cuando Willow encuentra la mano suave de Guy y él la rescata del abismo de la soledad. ¿Qué más puedo decir de esta novela? Willow es una historia de amor, pero no es un amor desaforado y a primera vista, pues es un sentimiento que va apareciendo a pesar de la protagonista. Y es que hay una verdad común a todos nosotros: el amor es lo único que nos puede salvar.

miércoles, 16 de junio de 2010

La hora de Quevedo, de Baltasar Magro



Editorial: Roca Histórica
Año edición: 2008
ISBN: 978-84-92429-16-5
Págs.: 252
Género: biografía novelada

Reseña de Ariodante
Diciembre 2009


Baltasar Magro Santana, (1949, Toledo) Tras estudiar Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Madrid, se licenció en Periodismo, profesión que ha ejercido, a lo largo de más de treinta años en diferentes televisiones (guionista, director de informativos, y especialmente, Informe Semanal). Entre sus novelas se hallan: El círculo de Juanelo (2000), cuyo éxito y buena acogida de la crítica le impulsó a continuar escribiendo; La sangrienta luna (2001), Carrosanto (2002), Los nueve desconocidos (2004) y En primera línea (2006).

La hora de Quevedo, novela que nos ocupa ahora, es una composición sobre la vida de Quevedo, a modo de reflexiones autobiográficas. Escrita, por tanto, en primera persona, a modo de una larga carta dirigida a su sobrino, Pedro Alderete, en la que le comenta su vida, sus recuerdos, sus reflexiones y sus anhelos.

Supuestamente escrita desde La Torre de Juan Abad, su señorío, y posteriormente desde el convento de Santo Domingo, en Villanueva de los Infantes, donde falleció en 1645, el autor, Baltasar Magro, metido en la piel y en el lenguaje de Quevedo, nos desgrana páginas francamente interesantes, no sólo sobre su vida, sino sobre los acontecimientos históricos de la época, las intrigas palaciegas, las luchas internas y las interminables guerras, alianzas, traiciones y conjuras en la Europa del siglo XVII. De impecable factura, tanto técnica como de edición, libro manejable y ameno.

Una novela redonda, de gran calidad literaria e histórica, a la vez que humana. El autor va alternando el relato/recuerdo de sus épocas pasadas, de su actividad política al lado de poderosos, sobre todo su amistad y lealtad a Don Pedro, Duque de Osuna, virrey de Sicilia y de Nápoles, adonde Quevedo le siguió como amigo, como consejero, como privado, e incluso como espía, y como su valedor ante la Corte de Felipe III. De su amistad dice: “Éramos cómplices, imprudentes, teníamos posturas semejantes sobre las enfermedades del reino y necesitábamos saborear el riesgo para sentirnos a placer” Su otra gran amistad, duradera hasta la muerte, con el Duque de Medinaceli y su esposa. Sus encuentros con Juan de Mariana, sus diatribas con Góngora y su defensa de Lope de Vega; de su actividad literaria y satírica, sus relaciones en la Corte, con los diferentes validos y privados, con los reyes, etc. También sabemos -poco- de sus dos grandes amores: Mariana, en Selinunte, y la pintora Cristina de Morais, en Lisboa. Y de su desafortunado y brevísimo matrimonio. Y a la vez nos cuenta, le cuenta a su sobrino, de su hora presente, de sus dolencias, sus desalientos, sus esperanzas:“Es el dilema al rozar la vejez, cuando un amargo cansancio te hace contemplar todo como si fuera horrible, cuando la carencia de pasión en tu cuerpo te alerta, y penas y contienes el llanto porque te avergüenzas al hacerte anciano”.

Comienza el relato al salir de la prisión en la que permaneció cuatro largos y terribles años, en el Convento de San Marcos, en León, adonde fue a parar sin conocer su acusación ni a su acusador. Y acaba con su muerte, poco después de referirnos cómo conoce el nombre de su delator, del supuesto amigo que le traicionó. Esos años en la prisión le desmoronaron física -ya tenia cerca de sesenta años- y moralmente. Y a partir de ahí Quevedo, por boca de Baltasar Magro, va desgranando historias pasadas, poemas, reflexiones, opiniones políticas sabrosísimas, a veces muy actuales...“Quiero seguir cuidando el bien más preciado que poseo, mis pensamientos, el tesoro que nadie puede quitarte si lo proteges como es debido”.

Un libro que deleita por el lenguaje con que está escrito, que informa sobre la época, y que nos hace partícipes de los sentimientos de un poeta y un guerrero, un amante y un solitario, un fiel amigo, y, sobre todo, un hombre.

Reseña publicada en CiberAnika

martes, 15 de junio de 2010

Cuentos de antes de dormir, Jose Enrique Serrano Expósito






2 horas de lectura
Autor: José Enrique Serrano Expósito
Categoría: Narrativa
Subcategoría:Relatos y cuentos
N° de páginas: 86
Tamaño: 150x210

"Cuentos de antes de dormir", de José Enrique Serrano Expósito
http://LibroVirtual.cuentosdeantesdedormir.com/
86 páginas.

En una de sus primeras páginas, se escribe un escueto resumen de esta colección de cuentos:

Una colección de cuentos de variada temática: Unos para contar a los niños o que los lean ellos, otros para mayores, y todos para ser leídos por personas de corazón joven.

Este libro es un conjunto de nueve cuentos --nueve es número de humanidad--, inconexos entre sí, aptos para niños de catorce años en adelante, hasta adultos sin límite de edad. Su temática es variada, pero en esos nueve relatos breves el bien vence al mal, los valores positivos triunfan... y preparan al niño, o al adulto de corazón joven, para un feliz y reparador sueño en su lecho.





9 horas de lectura
Autor: José Enrique Serrano Expósito
Categoría: Narrativa
Subcategoría:Ciencia ficción y fantasía
N° de páginas: 180
Tamaño: 150x210


"Los Sillin y los Ingullin", de José Enrique Serrano Expósito
http://LibroVirtual.lossillinylosingullin.com/
174 páginas.

En una de sus primeras páginas, se escribe un conciso resumen de esta novela:

La aventura de un hombre, tres de sus sobrinas y un sobrino, en relación con unos seres de aspecto humano pero de una estatura, los adultos, entre 7 y 9 centímetros. Los Elborin eran dos tribus que vivían bajo una colina, dentro de una gran geoda: Los Sillin y los Ingullin.

Es el primer libro del autor --yo mismo--, y el autor es uno de sus protagonistas. Se narra la historia de una civilización de criaturas de rasgos muy humanos, pero de pequeñísima estatura. Su lengua, sus dificultades, sus dichas, sus trabajos, sus Artes Marciales, sus luchas contra los animales del exterior; hasta su organización política. Su hábitat era una geoda grande y hermosa, donde cabrían varias personas humanas como nosotros los lectores, a quienes ellos llamaban Gigantes, si nos pudiésemos meter dentro...

CASA DE MUÑECAS, de Henrik Ibsen.




CASA DE MUÑECAS.
Henrik Ibsen.
Traducción de Alberto Adell.
Alianza Editorial.
Madrid, 1989, 2008.

Reseña de Magda Robles

Henry Ibsen, nacido en Noruega en 1828, fue uno de los dramaturgos más controvertidos de su tiempo, y el padre del drama moderno. No podemos asegurar que esa fuese su intención, pero Casa de muñecas, publicada por vez primera en 1879, sigue siendo un referente en cuanto a la defensa de los derechos de la mujer y su rol en una sociedad que aun hoy día sigue siendo primordialmente, no digamos machista (ojalá este término sea algún día tan solo un anacronismo), pero si masculina.

Nora es una figura frágil al inicio de la obra, una amante esposa y buena madre, ocupada en su vida artificial y llena de fruslerías. Lleva casada ocho años con Torvald Helmer, abogado con una carrera prometedora como director de banco. Nora se nos presenta como unamuñequita, de ahí el título, una pequeña "mascota" curiosa para su marido, quien recuerda constantemente lo atolondrada que es, lo poquita cosa, a través de sus apelativos “cariñosos”: Nora es una ardillita, una alondra que revolotea por la casa, sin más preocupación que malgastar dinero en sus pequeños caprichos, sin ser capaz de afrontar el mundo real. Ni siquiera debe encargarse de la educación de sus hijos, ya que la niñera lo hace por ella. Es otra niña más, en un cuerpo adulto, con la única misión de ser feliz y representar su papel de esposa modelo, guiada por la firme y paternal mano del marido.

Sin embargo, la protagonista va mostrando otra faceta según nos adentramos en su casa, y en su vida. Nuevos personajes se introducen en la trama: Kristine Linde, vieja amiga de Nora que se encuentra en una situación delicada, y parece ser el contrapunto a nuestra descerebrada protagonista. Es una mujer curtida en los avatares de la vida, la lucha por su propio sustento han eliminado de su cerebro cualquier fantasía de las que parecen poblar la cabecita de Nora. También surge Krogstad en la escena, subalterno de Torvald, quien parece tener algún tipo de poder sobre Nora. Es un personaje desagradable, manipulador, que a pesar de lamentar de forma hipócrita su forma de ganarse un sobresueldo con préstamos ilegales, no duda en chantajear para conseguir sus objetivos. Y por último, el Doctor Rank, amigo íntimo de la familia, y único personaje que parece gozar de cierta complicidad con Nora. Los tres serán piezas fundamentales para ir descubriendo a la mujer que realmente se oculta bajo esa máscara de fragilidad e infantilismo.

Porque esa es realmente la mujer que se esconde tras esa pequeña atolondrada, insegura y juguetona: una mujer valiente, capaz de doblegarse a lo que las apariencias, a lo que la sociedad pide de ella, pero luchando en la sombra, arriesgando su propio honor, para superar sus dificultades e incluso salvar la vida de su marido. Es esta Nora, quien surge al final de la historia, quien es capaz de arrojar los convencionalismos a un lado, y tomar las riendas de su propia vida.

Podría desglosar los personajes, comentar escenas, analizar más temas de los que Ibsen plasma en este drama de forma maestra, pero prefiero dejar el teclado por hoy, y esperar la apreciación que al resto de lectores merezca esta obra. Yo la leí hace años, casi por obligación, y reconozco que empezó pareciéndome un personaje absurdo el de la protagonista. Pero a día de hoy, no conseguí olvidar el nombre de Nora y lo que él representa…

viernes, 11 de junio de 2010

El fantasma de los sueños, de Ramón Cerdá




Título: El fantasma de los sueños
Autor: Ramón cerdá
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788484547471
Nº Edición:1ª
Año de edición:2009
Plaza edición: ALICANTE


Reseña de Manuel Cara Tinto

La realidad está basada en la ficción, por muy real que sea es totalmente desconocida, que no se vea no significa que no exista y que no exista no significa que no sea posible.

¿Qué será, será?, que escapa entre nuestra mente sin ser conocido, aun conociendo lo creído desconocido, sin ser pensado aun cuando se piensa, sabiendo sin saber que siempre tuvimos consciencia de ello, como siempre nos pasa en todo, ¿después?

Las historias de vida que nos rodean son, pertenecen a todas esas personas que nos rodean, a sus sueños, a sus ilusiones, a sus secretos, a sus mentiras, a sus anhelos, a sus preocupaciones, a su manera de vida muchas veces vista a través de máscaras impuestas por nosotros mismos, muchas veces sabiendo que nuestro hacer no es correcto, muchas veces desconociendo este defecto en uno mismo, muchas veces puestas para ocultar y con ellas muchas veces creemos poder definir a las personas para, finalmente, muchas veces, equivocarnos.

Parece mentira, pero la vida de uno cambia mucho dependiendo de la percepción o sentido que le demos a nuestra existencia. ¿Qué sabe nadie sobre la vida, tanto más sobre la muerte, el cambio, la nada o el todo, el paraíso, la transmutación, el recorrido fuera de la materia?

¿Quién sabe?..dijo alguien cuando le preguntaron por el sentido de la vida y lo que sí pudo definir era el silencio (cuando el silencio interpretaba al pensamiento, la consciencia, el pensar, meditar... todo eso y mucho más podía ser el silencio y como poco).

Muchas veces vemos nuestras vidas como una mierda, aburridas, monótonas, con faltas de amor y comprensión, muchas veces nos enfrentamos con ese pensamiento a la vida, un error, puesto que vivimos en otros momentos, en otras situaciones, en otros pensamientos cuando quien tiene que vivir es uno mismo, para poder comprender la unión con todo lo demás, fuera lo que fuese.

Quizá al pensar en que se puede, o en la posibilidad de que cualquier pensamiento dé lugar al hecho, la palabra muchas veces hace realidad, por mucho que lo llamen ficción, aunque siempre podría ser la vida aquel lugar donde se detienen los relojes, y quizá la solución a nuestros problemas sería aceptar que el encuentro con un extraño siempre será el encuentro con uno mismo.

Pero la realidad muchas veces hace que olvidemos el sagrado orden de las apariencias, cuando el "podría" termina siendo el "es", y la posibilidad de escuchar los susurros del alma quizá defina el interior de uno mismo y pueda uno comprender que la mala estrella percibida sobre la vida de uno acabe por ser el fantasma de los sueños de uno.

¿Querían intriga?, pues con gran placer les invito a tres platos, con gusto les comenté el resultado de la percepción en mí de uno, con gusto me despido con un hasta luego en esta última reseña, quien sabe, sea como fuera o fuese, fue un gran placer, con sonrisa..

jueves, 10 de junio de 2010

Cuentos (Antología), de Antón P. Chéjov


Colección: Clásica Maior
Número colección: XXI
Traducción: Víctor Gallego
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 84-84282198
Páginas: 768

Reseña de Jose María Ariño Colás


Estoy releyendo durante estos días una antología de cuentos del escritor ruso Antón Chéjov, editada por Alba editorial y traducida por Víctor Gallego. Es el mejor homenaje que podemos hacer los amantes de la buena literatura a este autor realista, nacido en Taganrog, al sur de Rusia, en 1860, hace ciento cincuenta años.

Siempre se ha conocido más a Chéjov como dramaturgo y quizás sea el momento de redescubrirlo como un maestro del relato breve, en la línea de Edgar Allan Poe y admirado por grandes narradores como Katharine Mansfield y Raymond Carver.

El autor de excelentes obras de teatro como Ivanov, La gaviota, El tío Vania, Tres hermanas o El jardín de los cerezos, aunque cursó Medicina, se enamoró pronto de la Literatura. Esta antología, que reúne sesenta de sus cuentos más representativos, ofrece una panorámica amplia, desde las implacables piezas humorísticas de sus primeros años hasta sus complejas composiciones de su última época. Relatos como La cerilla sueca, Las ostras, Cirugía o Noche de Pascua, nos acercan con un estilo preciso y sencillo a unos personajes entrañables, lastrados por el peso de lo cotidiano, aguijoneados por la soledad y aplastados por la incertidumbre. Porque Chéjov buscaba transmitir, reproducir la fluidez acaso sin rumbo de la vida, no sólo pintando estados de ánimo, sino siendo capaz de crearlos en el lector.

Nabokov, uno de sus admiradores, definía al héroe chejoviano como "un hombre bueno, incapaz de hacer el bien", que "combina la más profunda decencia de que es capaz el ser humano con una incapacidad casi ridícula para poner en práctica sus ideas y principios". A pesar de su muerte prematura a los 44 años, Chéjov ha dejado unos relatos que reflejan la vida de una sociedad estamental, con prejuicios e ideas tradicionales. Su crítica es acerada, inteligente y sutil. Sabe extraer de lo cotidiano la magia del relato y el hechizo de los personajes.

Reseña recogida en el blog Josemarco: http://josemarco.blogia.com/

miércoles, 9 de junio de 2010

Tokio Blues, de Haruki Murakami




Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788483103074
Colección: ANDANZAS
Nº Edición:1ª
Año de edición:2005
Plaza edición: BARCELONA
TOKIO BLUES (Norwegian Wood)
Haruki Murakami

Anabel Sáiz Ripoll

“Tokio blues” es ya un best-seller en la obra del escritor japonés. Se trata de un libro muy vendido y leído y uno de los más conocidos del autor en occidente. Haruki Murakari es el escritor japonés actual más valorado fuera y dentro de su país o, al menos, uno de los más leídos y reconocidos. Por eso no viene mal, si algún lector quiere ampliar horizontes y leer algo relacionado con otra cultura, alejada de la nuestra, hacerlo por “Tokio blues” es una excelente opción.
La novela, teñida de melancolía, nos desconcierta al principio porque nos descoloca, no sabemos muy bien qué objetivo tiene ni el autor ni el narrador al empezar a recordar, en primera persona, unos hechos que pasaron hace 18 años y que, en apariencia, nada tienen que ver con la historia que se nos va a narrar y, sin embargo, nos atrapa desde el primer momento esta atmósfera un tanto decadente o fatalista en donde parece que todos los personajes hayan de resignarse al destino, al sufrimiento, a la desazón interior.
Es lo que le ocurre el joven Toru Watanabe, un joven que recuerda la época de su postadolescencia, entre los 17 y los 20 años. El libro es una especie de educación sentimental de Toru que pasa por distintos avatares y que no sabe muy bien qué lugar ocupa en este mundo lleno de contradicciones. Uno de sus mejores amigos se suicida y él acaba, de alguna manera, endeudado con la novia del mismo, Naoko, de la que se enamora, pero esta joven es una chica con una gran inestabilidad emocional, llena de dudas, con un lastre psicológico importante que no le permite vivir una vida normal y que sumerge a Toru en la perplejidad y en la contradicción. Por otro lado, está Midori, otra joven universitaria, que coincide con Toru en una asignatura y que es todo lo opuesto a Naoko. Midori es una chica extrovertida, que no tiene una vida fácil, pero que, sin embargo, sabe superar los obstáculos con desparpajo y lucidez porque Midori, en contra de lo que le sucede a Naoko, es una superviviente. Toru se encuentra en una disyuntiva y no sabe qué camino escoger, hasta que una mujer madura, Reiko, que también arrastra un pasado y un presente de inestabilidad emocional, le abre los ojos y le brinda la posibilidad de escoger por sí mismo, sin temor.
“Tokio blues” es un libro con un humor especial, que se lee deprisa, pese a ser una novela intimista y que nos cuenta, entre claros y sombras, los problemas y peripecias por las que pasan los adolescentes en el camino que les llevará a la edad adulta. En la novela encontramos muchas reflexiones en voz alta acerca de la vida y de la muerte porque el suicidio es un tema recurrente no sólo en este relato, sino en toda la literatura japonesa. También, aunque el autor está muy influido por la cultura occidental, nos sumerge en aspectos curiosos, al menos desde el punto de vista europeo, de la tradición, sociedad e incluso gastronomía japonesas. Hay muchos elementos alusivos a la comida en “Tokio blues”.
Por encima de toda la historia, o al lado, planea la música de los Beatles, de quien Reiko es una admiradora (ella misma toca muy bien a la guitarra las piezas del grupo de Liverpool). Una de las canciones más emblemáticas para Naoko y, por lo tanto, para Toru es, precisamente, la que subtitula la obra, “Norwegian Wood”.
En definitiva, “Toqui blues” es una mezcla fascinante y a menudo contradictoria de melancolía, de humor, de música e, incluso, de vacío y soledad y, por qué no, de esperanza.

martes, 8 de junio de 2010

"Senderos de Fantasía" de Cristina Puig


"Senderos de Fantasía" de Cristina Puig.
Título: Senderos de Fantasía (Cuentos y Relatos)
Autor: Cristina Puig
Género: Fantasía.
Editorial: Ediciones Parra
Precio: 20 Euros
ISBN: 978-84-937499-3-4

Reseña de Miguel A. Mateo

"Senderos de Fantasía" es una recopilación de cuentos y relatos de género fantástico y terror que Cristina Puig ha escrito, la obra dignamente maquetada y encuadernada va acompañada por fantásticas ilustraciones de Beatriz Colom, Miguel A. Mateos Carreira, Esther Sanz, Elena Cruz y María Parra, entre otros.

MI COMENTARIO:
"Senderos de Fantasía" es una obra plagada de cuentos y relatos de todo tipo algunos que pueden leer todo los públicos como "El Cortador de Sueños", otros no. Sin embargo, todos ellos están llenos de magia, de saber estar y narrar. Son relatos y cuentos capaces de transmitirnos imagenes con facilidad. Eso, seguramente, ha sido la razón de que los ilustradores no hayan tenido grandes problemas al hacer su trabajo. No siempre es así.

La presentación es innovadora, pero a la vez con un claro recuerdo a aquellos antiguos libros publicados en facsimiles con su caja de cartón, madera o cuero para protegerlos. Una presentación que además recoge esa idea en su propio diseño.

Si volvemos al interior de la obra, a los relatos y cuentos, vamos a encontrarnos que existe otra forma de narrar historias y cuentos. De todas formas, la autora sigue la estructura clásica de presentación de los cuentos y como ellos el consuelo, la evasión y la recuperación. A su vez el estílo y el léxico que usa la autora no es demasiado rimbombante ni tampoco usa un lenguaje de la calle, usa una forma de expresarse perfecta para el relato y para el cuento. Y, eso es algo que el lector agradece.

Por otro lado, el tamaño de cada uno de los textos es perfecto para el desarrollo de cada historia sin llegar a ser pesado para el lector, algo digno de alabar (no muchos lo hacen).

La diversidad de temas que hay en su interior nos hace ver que el título de la obra es el apropiado. Existen muchos caminos y senderos en la fantasía, Tolkien ya lo decía, y si es posible deberemos de seguirlos. Cristina Puig nos da con esta obra el empujoncito que nos hace falta para atravesar la puerta de nuestra casa y seguir esos senderos sin importarnos el género al que pertencen.

Es una gran obra. Una obra que no sólo deberían de tener los lectores individuales sino también en centros de enseñanza, bibliotecas públicas y clubes de lectura para usar como ejemplo del buen hacer en diversos géneros de fantasía.

Sólo espero que todo aquel que la tenga en sus manos o la pueda tener (en próximas fechas), sepa disfrutarla como se merece. Yo la recomiendo.

El color del Sol, Andrea Camilleri


EL COLOR DEL SOL
ANDREA CAMILLERI
Título original: Il colore del sole
Traducción: Mª Antonia Menini Pagés
ISBN: 978-84-9838-251-8
Edición: noviembre 2009
Págs.: 124
Ilustraciones: 12
Género: novela

Reseña de Ariodante. (Publicada en Anika entre libros)

Andrea Camilleri, (Porto Empedocle, Sicilia, 1925) escritor y guionista italiano especializado en novela policíaca y creador del famoso comisario Montalbano, en el 48, después de abandonar los estudios de Letras, estudió Dirección y Arte dramático, trabajando durante cuarenta años como guionista y director de teatro y televisión, mientras que a la vez publicaba poesías y cuentos. En el 78 empezó a publicar narrativa, sin gran éxito, pero a partir del 92, tras un lapso de espera, vuelve a la narrativa con

La temporada de caza, y he aquí que el éxito le llega, finalmente, y no le abandona. Ni El color del sol es una novela policíaca, ni la protagoniza su héroe Montalbano. Es una pieza especial, en la que él (Camilleri) mismo figura como personaje introduciendo, mediante una fabulación algo intrigante, unos supuestos diarios de Caravaggio, pintor al que profesa gran admiración. El los diarios, que ni siquiera lo son, ya que se trata de retazos de ellos, supuestamente rescatados y copiados por él en circunstancias misteriosas y nada claras, Caravaggio habla de diversos sucesos que le ocurrieron en su estancia en Malta y en Sicilia, y de sus pensamientos, emociones, visiones y pesadillas, su manera de pintar, en fin.

La edición incluye 12 magníficas reproducciones (en color y papel cuché) de pinturas de Caravaggio, ilustrativas de lo que se relata en los textos. Es mi primer contacto con Camilleri y parece que he venido a dar con un libro absolutamente atípico, en el conjunto de su obra. Sin embargo, es un libro que he leído de un tirón, que me ha atrapado y que me ha hecho recordar la biografía de este trágico pintor, pero esta vez viéndola con sus propios ojos, como Camilleri nos lo presenta, al darle forma de diarios. Al parecer, El color del sol surgió de la invitación efectuada por el Düsseldorf Museum Kunst Palast (Alemania) para que escribiera un relato sobre Caravaggio para una exposición que iba a celebrarse en los últimos meses de 2006. Camilleri aceptó al saber que junto a las telas originales del pintor se iban a exponer algunas imitaciones, y esto le inspiró a escribir un "falso diario" del maestro. Caravaggio me resulta un pintor que me produce a la vez atracción y repulsión.

Es un artista como la copa de un pino, que sin embargo estaba invadido de un mundo oscuro, morboso y tenebroso; su vida estaba llena de violencias y desgracias, una vida itinerante y desvalida, y sin embargo fue capaz de pintar obras magníficas y maravillosas, introduciendo brutalmente el claroscuro como técnica en la pintura barroca.

Su huida de la prisión de Malta donde estaba confinado, su eterno vagar de ciudad en ciudad, a pesar de las ayudas que recibía, siempre huyendo, unas veces perseguido por sus propios actos violentos o por sus amores no muy ortodoxos, y otras por envidias e injusticias contra su persona, lo cierto es que configuran una vida de artista maldito. Y en estas breves pero densas páginas se nos muestra con toda su fuerza.

domingo, 6 de junio de 2010

Ghostgirl, de Tonya Hurley



Libro: Ghostgirl.
Autora: Tonya Hurley
Editorial: Alfaguara
Año publicación: 2008

Reseña de Noemi Carbonero


Este libro trata sobre una joven adolescente a la que todos ignoran y que trata de llamar la atención e integrarse en algún grupo. Charlotte, que así es como se llama la protagonista, está enamorada de Damen, el chico mas guapo y popular del instituto, que por desgracia es el novio de Petula, la mas repipi, pija, repelente y popular de todas las chicas del instituto, por no mencionar que es la capitana de las animadoras. Petula representa todo lo que Charlotte desearía ser.
El primer día de curso tras las vacaciones, Charlotte llega con un nuevo cambio de imagen y con el objetivo de entrar en el equipo de animadoras y acercarse a Damen.
Un golpe de suerte a su favor ayudara a cumplir su sueño: Damen llega tarde y por tanto le emparejan con Charlotte para realizar un trabajo de clase. Pero claramente no todo podía salir bien. Justo antes de salir de clase, Charlotte se echa un osito de goma a la boca y, tras darse con la puerta en todas las narices, la gominola queda atascada en su garganta, ahogándola.
A partir de ahí Charlotte comenzara su vida de fantasma y deberá aprender a comportarse como tal, como una chica muerta a espera de pasar al otro lado. Esta conocerá a Scarlet, la hermana gótica de Petula y todo lo contrario a esta, y se convertirán en grandes amigas a pesar del triste final de Charlotte.

No es la típica historia de institutos americanos, sino mucho más. Es un libro muy entretenido y que se lee rápido, por eso os recomiendo que os lo leáis.

viernes, 4 de junio de 2010

El compositor de tormentas, de Andrés Pascual


Título: El compositor de tormentas
Autor: Andrés Pascual
Editorial: Plaza&Janés.
Año 2009,
ISBN: 978-8401337338
523 páginas.


(Finalista VIII Premio de Novela Ciudad de Torrevieja)


Reseña de: Manuel Cortés Blanco. Médico y escritor.


Indudablemente el mundo literario, como cualquier otro mundo, está lleno de rumores. Uno de ellos tiene que ver con los premios que se convocan. De hecho hay quien cree en su injusticia por naturaleza, que vienen impuestos por las grandes firmas comerciales o, simplemente, que obedecen a favores debidos.

No niego que en ciertos casos pueda ser así, si bien mi experiencia desmonta esa generalización. La primera vez que presenté un manuscrito a un concurso literario, sin conocer a nadie del jurado ni tener la menor idea de los entresijos editoriales, lo acabé ganando. Y la segunda, en similares circunstancias, alcancé la condición de finalista. Es cierto que en ambos casos se trataba de certámenes modestos, pero también lo es que los galardones concedidos se basaron en lo que debían de basarse: en la literatura.

Tras este preámbulo, considero que el Premio de Novela Ciudad de Torrevieja se ha convertido por méritos propios en uno de los más prestigiosos de España. El finalista de su última edición es el escritor riojano Andrés Pascual con la obra “El compositor de tormentas”. Según reza en su contraportada, “una apasionante aventura sobre la necesidad de creer en tus sueños”. La leí por recomendación de un amigo, músico de profesión, a quien le había gustado. Sinceramente y sin más dilación diré que a mí también. Porque en ella se conjugan una sucesión de detalles que convierten las vivencias del joven Matthieu (aspirante a la orquesta real de Luis XIV de Francia) en una gran historia: amor y sensualidad, un argumento original plagado de requiebros que sorprenden, una aventura entre pasajes tan exóticos como peligrosos, esa intriga mantenida sobre el trasfondo de un crimen, los misterios de la alquimia bajo la atenta mirada de Newton… y por supuesto la música, auténtica esencia del alma.

No en vano, las descripciones y el ritmo de la primera parte de esta novela que se desarrolla entre París y Versalles resultan excelentes. Muy por delante del viaje posterior en un barco pirata (tal vez los capítulos que menos me han convencido) y lo que luego pasará en Madagascar (con una ambientación tan cuidada como conseguida).

Cierto que a veces todo ocurre demasiado fluido, demasiado deprisa, dando la impresión de que es el final quien condiciona tal ritmo y sus personajes. Un desenlace que admitiría otras muchas opciones; pero acorde con una historia tan llena de romanticismo quizá sea el único posible. En definitiva y en mi opinión, “El compositor de tormentas” es un libro que entretiene, fácil de leer y difícil de dejar, que hace honor al galardón obtenido y que hace a su vez más grande al Premio que le han dado.