lunes, 7 de enero de 2019

El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde


Sinopsis

En esta novela, Oscar Wilde (1854-1900) indaga sobre el mito de la eterna juventud, al recrear el tema de un pacto diabólico para conservar la belleza y permanecer eternamente joven.
Un pintor queda fascinado por la extraordinaria hermosura de Dorian, su joven modelo, que vive en plena era victoriana satisfaciendo todos sus deseos, sin límites ni prejuicios.

El pintor declara que sería dichoso si Dorian pudiese permanecer para siempre exactamente como es. Este deseo se traduce en un pacto que lleva a Dorian a cometer todo tipo de atrocidades, hasta llegar al crimen.
A medida que se desarrolla la novela y que el protagonista se sumerge en el vicio en contraposición con el desesperado anhelo de eterna juventud, se presiente un final terrible.
"Con frecuencia, al volver a su casa después de alguna de aquellas prolongadas y misteriosas ausencias que provocaran tan extrañas conjeturas entre sus amigos -o que por tales se tenían- subía a paso de lobo la escalera hasta la cerrada habitación, abría la puerta con la llave que nunca le abandonaba, y allí, en pie frente al retrato obra de Basil Hallward, con un espejo en la mano, miraba alternativamente el rostro perverso y envejecido del lienzo y la faz joven y hermosa que le sonreía desde el cristal. La misma violencia del contraste avivaba su deleite. Cada día se sentía más enamorado de su propia belleza, más interesado en la corrupción de su alma."
El retrato de Dorian Gray es una extensa alegoría que sondea las profundidades del ser humano y cuya vigencia sorprende en cada nueva lectura de esta magistral obra.

Biografía

Nació el 16 de octubre de 1854, en Dublín, Irlanda (cuando todavía formaba parte del Reino Unido). Su padre, William, fue un exitoso médico y su madre, Jane, una mujer muy interesada en las artes. Wilde tuvo un hermano, y una hermana que murió siendo niña. Se educó en prestigiosas universidades de Dublín y Oxford, especializándose en los clásicos griegos.
En 1881, la publicación de sus Poemas le ofreció notoriedad, que aumentó gracias a su carisma, su forma llamativa de vestir y sus charlas sobre el esteticismo. De hecho, fue contratado para dar conferencias sobre este tema en diversas ciudades de los Estados Unidos durante gran parte de 1882, con una extensa cobertura mediática.
En 1884 se casa con Constance Lloyd, con quien tiene dos hijos. La familia se instala en Londres, y Wilde escribe durante los siguientes once años varias obras, aumentando su éxito literario.
Por un par de años dirige, además, una revista femenina.
En 1895, en pleno auge de su carrera literaria, sobreviene un hecho que marcaría su desgracia. Lo que comenzó como una demanda por difamación intentada por Wilde en contra del Marqués de Queensberry, luego de que este lo tildara de homosexual (Wilde de hecho mantenía una relación con Lord Alfred Douglas, hijo del marqués), terminó convirtiéndose en una acción penal en contra del propio Wilde, puesto que en ese entonces la sodomía era un delito.
Las relaciones de Wilde con otros hombres, no sólo amigos de su entorno sino también jóvenes dedicados a la prostitución masculina, salieron a relucir luego de que Queensberry pagase detectives privados que escudriñaron en la vida privada del escritor. A consecuencia del juicio, Oscar Wilde es condenado a dos años de trabajos forzados, que cumple en su totalidad.
Sobra decir que el juicio fue todo un escándalo para la sociedad conservadora de la época y marcó también el rompimiento definitivo con su familia. Constance (que muere en 1899) se niega a volver a verlo (aunque nunca se divorciaron) y sus dos hijos deciden cambiarse el apellido Wilde por Holland.
En 1897 sale de prisión, destrozado física y emocionalmente, y en muy precarias condiciones económicas. Adopta el nombre de Sebastian Melmoth y marcha a París, donde muere el 30 de noviembre de 1900 víctima de una meningitis. Sus restos se encuentran enterrados en el cementerio parisino de Pére Lachaise.

Opinión personal



Llevo un par de años leyendo los grandes clásicos durante el corto trayecto que me lleva el bus desde casa a mi oficina y viceversa, quizás por tal motivo las obras duran en mis manos más tiempo del que debieran, pero ello me permite, entre frenadas, curvas, semáforos y paradas, analizar los detalles y deleitarme con ellos.
El extenso prólogo de Robert Michall (casi 60 páginas), no deja nada para la imaginación, pues sin tapujos te prepara para recibir la obra desvelando conversaciones y tramas que yo hubiera evitado, para que el lector pudiera opinar por sí mismo y descubrir lo que encierra la obra maestra de Wilde, sin la extensa y manipuladora influencia del prologuista.
Pero centrémonos en la obra en sí. Su argumento es conocido, sin embargo, su lectura no deja de sorprenderte a pesar de que posiblemente, nada nuevo desvela; los pactos con el Diablo no son nada nuevos, ni lo son, el recurrente envejecimiento del retrato, ni la vida llena de libertinaje, como tampoco lo son el consumo de drogas o la homosexualidad así como el deseo de la humanidad de lograr la eterna juventud.
Lo nuevo, lo valiente y lo brillante, es el atrevimiento de escribirlo en la época en que fue publicado declarando abiertamente al mundo, su condición de ser humano, con sus pasiones, miedos, curiosidades, cobardías, instintos, y como no, esa voz interior que en ocasiones nos carcome, la consciencia, alma, mente, llamarla como queráis.
La juventud eterna, como la eterna ambición del ser humano por lo prohibido, por el pecado, por la perversión, el asesinato y la moral, tocada por un alma inmortal, que es el fiel reflejo de nuestros actos realizados bajo el libre albedrío del que estamos tocados, motivan a nuestro autor a poner negro sobre blanco como si de la famosa Epopeya de Gilgamesh se tratara, pero, qué busca Dorian, o qué busca Wilde, pues sabemos que el famoso y despótico rey buscaba la inmortalidad, sin embargo, no tengo claro lo que buscaba Wilde.
Si nuestro literario Fausto levantara la cabeza, quien sabe, quizá acusaría a Wilde de plagio por su pacto con el diablo, y la vida dedicada a los placeres mundanos. Pero nadie en su sano juicio cometería tal pecado, ¿o sí? Cuando de lo que se trata, es cometer pecados. Pues adelante, cometámoslos.
Dicen los que entiendes, que se trata de una obra gótica de terror, será cierto, pero yo la veo como moralista, morbosa, pecaminosa, ambiciosa y por supuesto, tremendamente entretenida y psicológica.

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